Nos atan la libertad a sólidos ladrillos hechos de prejuicio,
nos alientan hacia la mediocridad y nos alejan de la creatividad,
nos exigen discreción y apariencia.
Pretenden moldearnos, formarnos, hacernos,
para que marchemos al compás de sus estrategias,
para que respondamos “sí” a lo enseñado como correcto y “no” a lo enseñado como incorrecto.
Tedio, apatía, aburrimiento, violencia, y el sin sentido…
Porque la escuela existente no es más que la cárcel de niños.
A. M.


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