Integridad
1
Así fue todo, cuando el sol estaba en su cenit, la
dama chifló y los Ripul
despegaron. Según los cálculos informados al grupo por Simploy, faltaba poco
para
encontrar a la última portadora.
Y a pedido de Ewon, los Ripul formaron un triángulo, encabezado por el que iban ella y Simploy,
a su izquierda Agoth y Marakzamet, y a su derecha los tres portadores. Tomaron gran
velocidad haciendo que
el aire se dividiera en dos ejes.
Una excepcional
emoción corría por los pechos de los cuatro ajenos al mundo moderno. En sus
mentes preguntas como qué ocurriría, cómo pasaría, cómo despertarían, y
similares Y sus posibles respuestas… porque no quedaba mucho para tener frente
a frente a los cuatro portadores unidos; con sólo imaginarlo, tenían ansiedad. Luego
de ocho horas, otra vez la noche, pero para ese momento, ni el mar ni la llanura,
en su lugar se extendía la urbanización con sus luces incandescentes. Percibían
que el tiempo transcurría sin cesar. Dos días más se sucedieron y en la caída
de esa tarde cálida fue cuando ingresaron a los cielos de la ciudad portuaria
de Newcastle.
Pero entonces, en
un solo grito Marakzamet dijo - ¡Áskemul está aquí! - . Cortándoles el trayecto
en seco, un enorme rostro se les apareció obstruyéndoles el paso.
2
Delante de ellos había aparecido de la nada un
rostro inmenso. Un poco después de la impresión, los portadores se dieron
cuenta que se parecía mucho a Marakzamet. Los demás ya la habían reconocido, aunque
para Simploy y Agoth esta era la primera vez que la veían, sólo la conocían por
relatos.
Era una mujer de
tez clara, ojos cristalinos y almendrados, nariz afilada, boca fina rosa
pálido. Sus cabellos lacios y rubios como el sol, resplandecían como las
estrellas, los llevaba cubiertos de enjambres de flores exóticas, y por lo que
llegaban a ver, parecían ser muy largos. Y al igual que Marakzamet, sus orejas
eran puntiagudas y prominentes. Entonces resonó en todo el cielo local su voz -
¡Alto ahí! – Les dijo – La travesía concluyó, misioneros de Túkmuney -, y sin darles
ni un segundo para hablar, desató una tempestad convirtiendo al cielo en oscuro
y relampagueante, y a la brisa en vientos huracanados. Y rió mostrándoles sus
perfectos dientes blancos. Luego agregó - ¡Marakzamet, vuelve con los tuyos!
-
¡Detente!
– le contestó al inmenso rostro – Esto no te incumbe.
-
¿Cómo
qué no? No reunirán a los Elementos Primordiales, YO NO LO PERMITIRÉ – les dijo
a todos imponiendo su voz, y el viento sopló encima de ellos.
La tormenta
estaba siendo tan intensa que ni siquiera los Ripul podían sortearla.
Empezaban a tambalearse para arriba y abajo, y para los lados, y aunque aleteaban con fuerza, no lograban mantener el
equilibrio. Sus jinetes también se desestabilizaban, se sacudían hacia los costados y hacían
cualquier intento para seguir tomados de las plumas, pero con las intensas
sacudidas, se resbalaban. El primer bolsón que cayó fue el de Logan, que a
pesar de ser un chico aferrado a sus cosas, en este momento ni siquiera se
inmutó.
El viento soplaba
cada vez con más potencia envolviéndolos. Si recuerdas el acontecimiento en el desierto, pues bien, esa
tormenta de arena no fue ni la mitad de ésta que azotaban sin cesar. Relámpagos y truenos
acompañados con lluvia impedían la interconexión entre los viajeros, porque los
ensordecía y cegaba. Cada vez más, las gigantescas aves fueron perdiendo todo equilibrio, ahora
no había rastros de ese armónico triángulo, más bien, parecían una bola de plumas girando
y girando,
descendiendo y ascendiendo. Sin
embargo, no se daban por vencidos, con mucho esfuerzo agilizaban sus alas usándolas de
veletas, intentando amainar, nada más un poco, el tornado. Le transmitieron a los jinetes sus ideas - ¡Haremos todo lo posible por no dejarlos
caer! Pero necesitamos que aminoren peso, por favor.
-
¡Ya
lo oyeron! ¡Vamos, arrojemos todos los equipajes! – gritó con todas sus fuerzas
Ewon.
-
¡¿Y
los objetos?! – Exclamó Agoth – ¡No podemos deshacernos de ellos!
En ese momento,
Marakzamet impuso su voz, fue increíble la forma en que mutó. Se pareció a la
de un dios, pensaron los portadores - ¡Nadie arroje nada, entendido, nadie arroje nada!
-
¡Pero
si no caeremos, los Ripul lo
necesitan! – gritó Ewon casi trastabillando.
-
¡Ewon,
si lo hacemos, ella….! Ella no puede poseerlos – dijo con la misma voz resonante.
El gran rostro de
la mujer se hizo aún más inmenso - ¡Vamos Marakzamet, vuelve con los tuyos, es
una orden!
-
A mi
tú no me ordenas nada, Áskemul – le dijo afrontándola.
-
Como
reina de los Elfos y como tu hermana mayor estoy en todo el derecho de ordenarte
lo que me plazca, ¡y tú debes obedecer! – gritó.
-
No me
importa ni tu título de nobleza ni tu sangre, ¡nunca regresaré con seres tan
nefastos como ustedes, con asesinos e inquisidores! – le contestó en ese tono de voz engrandecido.
-
¡Oh!
¿Pero cómo te atreves, mocoso? – el rostro se desencajó e hizo a la tempestad
más feroz.
Los Ripul giraban y giraban envueltos en el remolino tormentoso,
habían perdido
toda estabilidad. A veces, con los pechos hacia arriba, otras veces, con las cabezas abajo, y los jinetes estaban al borde de la
caída. Ya habían perdido el curso, sólo se bamboleaban de aquí para allá. Fue cuando Simploy puso a
prueba el hechizo del Aire, pero sin efecto.
-
¡Es
magia élfica, eso no sirve de nada! - le
dijo Marakzamet.
-
¿¡Pero
có-cómo…!? – estupefacta, Simploy balbuceó a la par que intentaba agarrarse
del cuello del Ripul.
Por el lado de
los portadores, las cosas iban de mal en peor. Ahora el equipaje que
cayó fue el de Ariel. Gritaban y gemían, porque sentían al terror mismo,
sentían que
iban a morir en cualquier
momento, porque ellos, gente común, no eran tan diestros para mantenerse al Ripul.
Ahora Logan estaba sujetando a Zatí de un brazo, porque se había resbalado sin llegar a tomar ni una sola pluma.
-
¡No
te sueltes, por favoooor, Zatí! – dijo Logan, mientras con la otra mano hacía
un esfuerzo inhumano para sostenerse del cuello del Ripul.
-
¡Ahahaha!
– exclamó y gritó que se caía en el idioma de Bukoba.
De un instante a
otro, Simploy llegó a verlos - ¡Los portadores, los portadores! – gritó.
Entonces, sin dudarlo ni por un segundo, lanzó un hechizo que alzó a Zatí desde
los pies y la colocó sobre el ave; había sido un rayo de luz que golpeó a la portadora
agua y con el impulso la subió. Ambos muchachos la agarraron con la mano que
tenían libre.
-
¡La
concha de la su madreee! – insultó Ariel a la hermana de Marakzamet - ¡BASTAAA!
– gimió después. Estaba prendido cual cría de orangután, del pájaro.
-
¡Qué
alguien haga algo, por favor! – gritó Logan al grupo. - ¡Por favooor! – rogó en
un gritó.
La Elfa Áskemul
estaba riendo a carcajadas, porque disfrutaba del ponzoñoso evento - ¡Ja, ja,
ja! No son más que un rejunte de escoria humana – les dijo a todos – Con Elementos Primordiales o sin ellos van a
terminar pudriéndose, ¡ja, ja, ja!
-
¡Maldita
Elfa! – Le maldijo Ewon - ¡Elfa asquerosa! – y luego, aferrada al Ripul, le lanzó un escupitajo al aire.
El rostro de
Áskemul enfureció y le clavó los ojos a Ewon – Mmm… nunca aprenderás,
Ewon, quiénes somos los más fuertes y perfectos. Mira, ¿y dónde están tus bestias para ayudarte? ¡Ah, cierto! Están por morir
junto con todos ustedes, ¡ja, ja, ja! – y lanzó un soplido desde su boca hacia Ewon, quien
si no fuera por la magia de Simploy, que creó una liana desde su mano izquierda para atar de
la cintura a su compañera,
hubiera sido lanzada hacia la tormenta perdiéndose en ella.
No tuvo tiempo
para darle las gracias, sólo para volver a asirse al ave. Agoth, que iba con Marakzamet, estuvo a punto de salir
despedido, pero gracias a su propia destreza, logró agarrarse de la punta de la cola emplumada del Ripul. Luego, el Elfo se estiró mientras se sujetaba del cuello,
extendiéndole la mano derecha a su compañero, y otra vez, estaban ambos en el lomo.
-
Maldición,
¿cómo nos pudo haber encontrado? – le dijo a Agoth.
-
Y si
no lo sabes tú… - contestó con la boca llena de aire el guerrero – Pero si seguimos
así… bueno, mira a los portadores, me gustaría poder hacer algo para ayudarlos.
El Elfo divisó,
atravesando los vientos huracanados y la lluvia, a los portadores. Los
pobres jóvenes la estaban pasando terrible, haciendo esfuerzos del más allá
para no
caer. Si ellos, tres muchachos
de los hombres comunes aún no se daban por vencidos, él, que era un Elfo de Alta Estirpe (según las
denominaciones internas élficas) poseedores de grandes dones mágicos, ¿cómo es que aún su hermana
estaba allí
atormentando a sus amigos?
Frunció el ceño y se propuso dar fin al cometido.
-
Finaliza
esto ya, de lo contrario te arrepentirás – le dijo con la voz engrandecida a
su hermana.
-
¿Acaso
me desafías? – le contestó su rostro sonriéndole.
-
¡Finalízalo
yaaa! – le gritó y el cuerpo empezó a ser rodeado por un resplandor plateado.
-
¡Eres
un traidor, un traidor a tu familia y a tu raza! – estaba furiosa.
A la sazón,
Marakzamet saltó del Ripul y
oyó que todo el grupo gritó que “no”, incluida la voz de Ewon. Increíble,
pensó. Se dispuso a levitar por entre los turbulentos aires y a amplificar su
energía.
-
¿Pero
qué haces, hermano? – el rostro furioso de Áskemul ahora se mostró sorprendido.
-
Si tú
no quieres finalizar lo que has generado, pienso hacerlo yo – le dijo
enfrentándola a los ojos.
-
¿Que
qué harás? ¡Ja, ja, ja! No me hagas reír, hermano. Sabes muy bien que soy de
las Elfas más poderosas, sino mira a tu alrededor, ¿te queda alguna duda?
-
Pues
te demostraré lo contario – y el resplandor de su cuerpo aumentaba segundo tras
segundo. Cada vez se hacía más amplio y brillante. Tenía la cara bien seria y
no le bajó la vista ni un momento.
Después de
aproximadamente treinta segundos, Marakzamet se había convertido en
una estrella de lo brillante y lo esféricamente enorme que era su energía.
Centellaba y
centellaba iluminando todo a su
alrededor. Y expresó sus verdaderos sentimientos - ¡Siento vergüenza de mi familia, asesinos!
El rostro de su
hermana dio un bramido espeluznante semejante a una serpiente cascabel, y se les vino encima intentando
engullirlos. Pero sin dejarla, Marakzamet, el Elfo renegado, lanzó su bola de energía plateada
hacia la gigantesca boca de Áskemul. Oyeron gemir y gritar “¡Estás desterrado y condenado a muerte,
hermano traidor!”, y luego otro alarido infernal que invadió toda la zona. La luz chocó
con el rostro y se lo devoró. Pronto todo volvió a la normalidad, la tempestad
desapareció junto con el rostro de Áskemul, y los Ripul
pudieron estabilizarse. Los portadores vieron al Elfo fatigado, no paraba de inhalar y exhalar, y por primera vez lo
vieron transpirado. El Ripul que
transportaba a Ewon y Simploy se acercó a Marakzamet, y sorprendiendo a todos, incluso al propio Elfo, Ewon
lo tomó de un brazo poniéndolo sobre el ave y lo abrazó.
- Muchas gracias, Marakzamet – le dijo mirándolo directo a los ojos
cansados - Nos has salvado y has salvado a la Misión -, y lo abrazó con más
fuerza.
3
Ahora bien, a la mañana siguiente del imprevisto con
Áskemul, todavía desconocido
para ella, cuando fue para el baño público del fast-food de la M, notó conmoción en la calle. Muchas personas
hacían colas en los puestos de diarios, los bares con televisión estaban atestados de gente, y
los habitantes parecían estar bastante exaltados. Se dio cuenta que muchos miraban sin
parar hacia arriba, no hacia las terrazas de los edificios, sino al cielo, y también la
mayoría llevaba paraguas a pesar de ser un día soleado sin una nube. Sin embargo, como todos
los días de los últimos
meses, continuó su camino para el fast-food. Doblo en la esquina y llegó a la avenida principal del centro del barrio. Caminó más
rápido, pues le urgía evacuar sus necesidades, y llegó al fast-food. Una vez aliviada y aseada, lo más aseada que podía
estar viviendo en la calle, salió del local.
Ni bien puso un
paso afuera, la chocó a un hombre de traje con su porta laptop bajo la axila, que ingresaba -
¡Ay, fíjese por dónde va! – Le dijo – Al menos pídame disculpas, maleducado -, pero el hombre ni
siquiera se inmutó, cosa muy extraña porque desde que tuvo que empezar a vivir en la
calle, era excluía y mirada con malos ojos; estaba apurado como la mayoría de la gente
en la calle ese día. Un poco malhumorada, caminó a paso vivo con el ceño fruncido y los
puños cerrados, hasta
el corte de semáforo para comenzar con la rutina diaria de pedir limosna. Cruzó
la
calle mirando a los lados. Sin
siquiera llegar a la otra esquina, su esquina “laboral”, el sonido que salía desde la nueva peluquería que
contaba con un exclusivo spa y centro de estética (como mencionaba la pegatina de letras
verde agua en la vidriera) la atrajo instintivamente. Se paró con una mano apoyada en el vidrio y miró,
el sonido era del televisor
que sintonizaba uno de los tantos noticiarios; todas las damas y los dos caballeros,
tanto los que estaban siendo atendidos como los que aguardaban su turno, estaban
como hipnotizados con los ojos puestos en la TV. Las empleadas y empleados iban echándole un ojo mientras desempeñaban sus
tareas. Puso atención al informativo; un notero estaba dando la reseña de lo que el
cartelote rojo con letras blancas anunciaba en la parte inferior de la pantalla: Peligro en Newcastle: los
habitantes tienen miedo ante los gritos del Cielo.
- … nadie llegó a ver nada, pero todos están
asustados. Varios de nuestros testimonios recogidos desde la noche hasta esta
mañana sin descanso, concuerdan que se escucharon gritos desde el cielo. Todos
nos preguntamos, ¿qué puede haber sido? Pero eso no fue todo, también se
produjo una tormenta sin igual que oscureció todo el cielo de la localidad
portuaria. Nuestros colegas del servicio meteorológico nos aseguran que el pronóstico
no anunciaba lluvias ni tormentas ni en un uno por ciento, por el contrario,
nos afirman que el paso de la tarde a la noche iba a ser despejado y de clima
favorable. Aquí, desde TVRash Noticias,
tenemos el testimonio exclusivo de una ciudadana que vio desde su casa, ubicada
justo abajo del extraño acontecimiento, y oyó los gritos del Cielo. ¿Es así,
Sra. Williams?
-
Sí,
sí, es así.
-
¿Cómo
sucedió?
-
Yo
estaba terminando de cenar mientras miraba una película, y de pronto… - su cara
se estremeció y abrió los ojos bien grandes, a la par que gestualizaba con las palmas de las manos abiertas – Se puso todo oscuro,
¡oscurísimo!, de un momento a otro. Salí al jardín y vi que el cielo
estaba tormentoso y empezó a soplar un viento fuertísimo que me voló toda la ropa que tenía
colgada. Mis
vecinos también salieron de sus
casas…
-
¿Ellos
también lo vieron, Sra. Williams?
-
¡Oh,
sí, claro que sí! - aseveró moviendo la
cabeza – Parecía que se venía un huracán.
Pensé, ¿a esta altura del año, cómo puede ser? Pero sí, empezó a moverse todo, los árboles se movían, ¡parecían que
se iban a arrancar de la tierra! Me asusté muchísimo…
-
¿Qué
sintió, Sra. Williams?
-
Sentí
miedo, mucho miedo, porque usted no sabe lo fuerte que corría el viento… y
también comenzó a llover… ¡Oh… el cielo se había puesto negro, y se veían los espirales de la tormenta! ¡Era un huracán
enooorme!
-
¿De
qué dimensiones?
-
Enorme,
de más de 30 metros… ¡más!
-
Impresionante…
-
Sí
que lo fue, fue terrible, pero eso no fue todo…
-
¿Qué
más ocurrió?
-
El
grito, después vino el grito infernal.
-
¿Cómo
fue el grito?
-
Oh…
como… como… como un rugido, ¡no! Como un bufido como hacen las víboras,
sí, así fue, como una víbora lanzándose a su presa…
-
Oh,
espeluznante, Sra. Williams.
-
Sí
que lo fue, así como usted lo dice, es-pe-luz-nan-te. Nos miramos con mis
vecinos, estábamos muy asustados, ¡imagínese!
-
Claro
que lo imagino, me pongo en su lugar, en sus lugares y también me hubiera
estremecido de miedo.
-
Es
que sí, fue una cosa pavorosa… ¿Sabe qué me puse hacer?
-
¿Qué?
Dígame qué hizo, Sra. Williams.
-
Recé.
Corrí hasta mi alcoba, descolgué el crucifijo del Señor, y me puse a rezar de
rodillas diez Padres Nuestros para que todo cesara y nadie muera. ¿Y sabe qué?
-
Qué,
Sra. Williams.
-
Al
poco tiempo se vio esa Luz, esa Luz Resplandeciente, y pasó todo… ¡Oh, sí! El
Señor me oyó, estoy segurísima de ello, yo le recé a Él, y nadie resultó lastimado.
-
¿Usted
cree que todo ha sido obra divina?
-
¡No,
divina no! Fue obra del otro, del impío…
-
¿Usted
lo cree?
-
¡Claro
que sí! Y el Señor le venció.
-
Aquí
escuchamos las desgarradoras palabras de la Sra. Williams, una vecina de Newcastle
como cualquier otro, que sufrió el miedo del grito del Cielo. Ella asegura que Dios escuchó sus plegarias y que puso
fin a la calamidad. Otros aseveran que fue el choque de dos corrientes, una
caliente y otra fría, pero lo cierto es que el misterio persiste en Newcastle – el periodista
hizo una pausa, miraba
a la cámara - . Aquí desde Newcastle, Matthew Brown, informando para TVRash Noticias.
Cambio de toma, y
ahora en primer plano, el periodista conductor del informativo – Gracias
Matthew. Ha sido impresionante el testimonio de la ciudadana – cambio de cámara -. Pasamos ahora al reconocido
surfista David Taylor. El joven maestro de las olas estaba practicando cuando el Cielo grito.
Vamos al informe.
Extraño. En sus
dieciocho años vividos en Newcastle había presenciado fuertes tormentas, pero
nunca se había armado tanto revuelo. No le hizo falta quedarse a escuchar el testimonio de David Taylor, ya se había
impresionado con el de esa tal Sra. Williams. Qué más da, entonces fue hasta su esquina y empezó a
pedir dinero como todos
los días desde hace unos meses atrás cuando tuvo que arreglárselas sola o
morir.
Pero no era un buen día, si la gente solía prestarle poca atención,
hoy era nula. La mayoría estaba conmocionada y no le daba el apunte, es más, al igual que el
hombre de la laptop, varios la llevaron por delante sin pedir disculpas, sin siquiera mirarla,
sin siquiera insultarla… ¿Cuál era el problema? ¿Tendría que viajar abandonando
la tierra escogida por sus padres para que los problemas terminen? Primero el fuego,
después la muerte de toda su familia, ahora gritos en el cielo, ¿qué más seguía? ¿Las
pestes y los Siete Jinetes del Apocalipsis? ¿O es que era ella el mal de Newcastle que estaba
desperdigando su desgracia
a todos? Lo que fuera deseaba que pare de una vez por todas, deseaba despertar
de la pesadilla, abrir los ojos, y ver a sus padres sonriéndole, y a sus
hermanos
y primos. ¡Cómo anhelaba el
deseo…!
Llegó a la conclusión que era
inútil, hoy, pedir limosna.
Se retiró a la covacha, arrastrando los pies. Con la cabeza
gacha, vio su reflejo en un charco: vio una chica de la calle, una indigente; sus ropajes
sucios y gastados, los cabellos antes lacios y brillantes, ahora eran una maraña. Estaba
delgaducha, y con la piel tajeada de resequedad y polvo. Y prosiguió triste hasta su covacha en el
puerto, más bien, debajo de él, debajo del muelle donde los indigentes de Newcastle se
alojan. No eran muchos, pues la vida en Australia es buena, pero como en todos los lados
del mundo, había vagos
que se habían echado a los harapos y a la bebida vaya a saber uno la razón. Y ella, la huerfanilla
hosca, como la llamaba una vieja que le caía bastante bien con la que hablaba cuando no tenía la ginebra en la mano – Samy,
me llamo Samy, ¿cuántas veces lo tengo que decir? -, le decía ella, pero la
anciana reía simpática exponiéndole que debía ser más alegre y fastidiarse menos – Eres
joven, si ahora eres una huraña, cuando tengas mi edad serás una vieja amarga y cascarrabias
odiada por todos. Samy, ¡relájate! - . Y si llegaba a oírla la comunidad de vagos, también reían y le
daban la razón. Eran buena gente, como todos tenían sus mañas, ¡y sí que eran
raras!, pero lo cierto
es que les debía dar las gracias a todos por ser los únicos en no escapar de
ella, y
por haberle dado un espacio
para seguir adelante. Porque a partir del último cumpleaños de su padre, cuando se perturbada o enojaba cosas
terribles podía hacer…
4
Mientras tanto, Simploy ya había visualizado a Samy
en su mente y hallado el lugar exacto donde residía. No perdió tiempo para
indicarle a Ewon dónde debían aterrizar, y sin que nadie se los pidiera, lo Ripul implementaron, otra vez, la ilusión para que nadie
los pueda ver, ni a ellos ni al grupo de humanos que transportaban. Con
respecto a los equipajes que cayeron durante el imprevisto con Áskemul, ya los
habían recogido; bajaron hasta el lugar preciso, y como el bolso de Ariel había
estallado rompiéndose, pusieron todo en el de Logan que nada más se le falseó
el cierre: su bolso tenía triple costura, era impermeable y lo había comprado
en un local especializado en camping y deportes extremos. Muy distinto al de
Ariel, que había sido un bolso de mano de tela de avión de costura simple. No
dudaron en tomarse ese tiempo para ir en busca de los equipajes caídos, para
así no dejar rastros en la zona y generar más revuelo en el mundo de los
hombres comunes de Newcastle. De lo contrario, los hubieran abandonado sin
tapujos. Y una vez bien dispuestos, los Ripul
volaron veloces y en un santiamén habían llegado al muelle de la región, donde
varias personas estaban desempeñando sus labores, mas gracias a la ilusión de las
aves, aunque los rozaran, en ningún momento se percataban de sus presencias.
No quiso
decírselos a sus compañeros y menos a los portadores, para no alarmar al grupo,
pero Simploy iba sintiendo más y más el carácter de la portadora del fuego, al mismo
tiempo que iba descifrando las penurias vividas. Sólo se atrevió a decirles –
La siento muy cerca, está aquí, abajo -, con los ojos cerrados y los dedos
índice y mayor en la sien de lado a lado –, pero no está sola, está acompañada
de bastante gente… - abrió sus ojos violetas – Aunque estemos invisibles, todos
la verán, verán que mira algo y que habla… sola.
-
¿Y
entonces? – preguntó Agoth.
-
Entonces
no queda otra alternativa que emplear magia sobre sus acompañantes. No me
gustaría hacerlo, pero debido a las circunstancias…
-
¿Qué
harás? – le consultó el Elfo.
-
Los
dormiré a todos – respondió Simploy.
-
Me
parece muy bien – dijo Agoth.
-
A mí
no me gusta poner magia sobre la gente común…
-
Simploy,
no les estarás haciendo ningún daño, entiendo tu postura, pero no les harás
nada malo – le dijo Ewon para animarla, porque la vio dubitativa.
-
Pero
es como un abuso… - le contestó Simploy.
-
No se
enterarán – dijo Ewon.
-
Lo
sé, pero igualmente me hace sentir mal… pero bueno, debemos incorporar a la
Portado Fuego, es muy importante.
-
Así
es – la alentó Ewon y le sonrió bondadosa a la par que le palmeaba la espalda.
-
Tengo
un mal presentimiento – dijo de pronto Zatí en voz baja. Todos la miraron.
-
¿Qué
ocurre? – le preguntó Simploy.
Zatí la miró y
agregó – Si duermes a todos… la Portadora Fuego lo notará, y no sé… es una
sensación fea que siento en el pecho, a veces me pasa cuando algo malo va a
ocurrir.
-
¿Sabes
de qué se trata?
-
No
exactamente – todos estaban impresionados, ya sea por los sentidos de Zatí como
por su buen español - ¿No hay otra alternativa que no sea dormir a la gente?
-
Pues
no – escucharon en las cabezas la transmisión de los Ripul -, no la hay. Y también presentimos el mal
presagio. Creemos que a la Portadora Fuego no le agradará que toquen a sus compañeros. Mas si nos ven, todo será peor.
Nosotros no permitiremos que la gente común nos vea, tampoco es bueno que los
vean a ustedes. De una u otra forma, el mal presagio está. Si ocurrirá, que sea
de la manera en que ustedes y nosotros podamos desenvolvernos con mayor
eficacia.
Todos observaron a las tres aves levantando la vista y arqueando
la nuca para atrás.
-
Pues
entonces, vamos. Hay que salir de esta zona lo antes posible. Lo peor es que Áskemul vuelva, y de seguro no lo hará
sola – le dijo al grupo Marakzamet adelantándose tres pasos.
-
¿Estamos
todos listos? – preguntó Agoth.
-
Sí,
ni bien estemos bajando, haré el hechizo del sueño. Espero que todo salga bien…
-
Estemos
preparados para cualquier cosa – escucharon en la mente a los Ripul.
Y avanzaron hacia la escalera de metal que conectaba con la
sección inferior del muelle, donde la Portadora Fuego estaba. Y a cada paso
Simploy la sentía con más claridad consiguiendo sacar una fotografía de la
portadora: su rostro, su cuerpo, su personalidad. Los Ripul y Zatí estaban en lo cierto, pero a diferencia de
ellos, la joven maga blanca se hacía una idea más precisa de la situación que
afrontarían en breve: ella dormiría a sus compañeros, a las únicas personas de Newcastle
que no la rechazaban, a sus amigos y nueva familia, y la portadora del fuego, Samy,
como es que se llamaba, se iba a fastidiar bastante. Para cuando estaban
pisando el antepenúltimo escalón descendente, lo supo: el Elemento Fuego estaba
activo, y su portadora podía hacer uso de Él. Entonces elevó las dos manos, se
reconcentró para conseguir la energía necesaria y realizar el hechizo, que por
cierto no era de principiantes sino una brujería avanzada que no todos los magos sabían
manejar. Sintió los ojos fríos y la cabeza dura (como debía ser), y emanó su
magia. En ese momento, los portadores ya reclutados vieron flotar la cabellera
blanca de Simploy y sus ojos ya no eran violetas, sino que ahora eran dos luces
verdes que centellaban en sus órbitas sin iris ni pupila alguna.
5
-
Ni
una sola moneda, parece que hoy no es un buen día – estaba comentando uno de
los vagos, Jack el sordo, como se hacía llamar y como lo llamaba la compañía, porque para charlar había que gritarle.
-
Están
todos locos, apurados – le dijo Samy.
-
Dicen
que Dios y el Diablo anduvieron haciendo de las suyas – agregó Spielberg
arrastrando las palabras, el vago del diente brillante que no pasaba ni un día
sobrio, ni un día.
-
¡Patrañas!
– Exclamó desde el fondo Mary Janes, la señora de los gatos – Son todos unos
locos de remate, Samy tiene razón, ¡qué se pudran! – y escupió un flemón al
piso.
-
La
loca eres tú – provocó Amanda, otra latina como Samy.
-
¿Loca
yo? Pues lávate la boca antes de dirigirme la palabra – contestó Mary Janes.
Los demás,
incluida Samy, le hicieron señas a Amanda para que pare, porque si no se iba a
armar un embrollo tremendo. La señora de los gatos en verdad era una desquiciada que nunca iba a dar el brazo a torcer, si
la discusión
continuaba y pasaba a mayores, ella
comenzaba a revolearles cosas a todos, sin importar quiénes eran ni qué objeta estaba arrojando.
-
No
podemos negarlo, algo raro ocurrió, nos guste o no, y eso ha influido en el
comportamiento de los ciudadanos – dijo Mike el sabio, como lo llamaban allí.
Se decía en el grupo que había sido un filósofo de cátedra, pero que un día
entró a la casa y vio a la mujer fornicando con su mejor amigo. Y de ahí en más
se tiró a la calle y a la bebida. Las veces que Samy había charlado con él,
notó a leguas su diferencia lingüística y de coeficiente, sus modos,
costumbres, y sus relatos.
Es así que todos
intercambiaban hipótesis de lo acontecido, algunas eran más razonables que
otras, pero todos pusieron sobre la mesa su especulación. En eso llegó Rose, la
vieja que Samy más apreciaba, con una gran bandeja de plástico que transportaba
un pollo entero y papas fritas – Miren lo que he traído – les dijo. Todos la miraron
y se pusieron alegres, el pollo aún estaba caliente, humeaba. Algunos se pararon
directo a Rose, pero ella, ateniéndose a las consecuencias fue más lista y
agregó – Todos los que gusten de un pollito y papitas calientes se sientan. Lo
he traído para com-par-tir.
Samy les vio los
rostros animosos, a pesar de la mala jornada “laboral”, la vieja les había
alegrado el día trayendo un exquisito almuerzo. Lo comieron de un momento a
otro. Y entonces, cuando se iba a poner de pie para buscar algo de beber de la
heladera transportable de polietileno, fue cuando vio como cada uno, sin
excepción, se desplomaba al suelo - ¿¡Pero qué les pasa a todos!? – Pensó
asustada - ¡Hey, qué ocurreee! – Les gritó - ¡Holaaa! – volvió a gritarles a
sus compañeros de la covacha. Pero ninguno contestó, todos estaban tirados en
el suelo… parecían estar ¿dormidos? ¿Sería el pollo en mal estado? ¿Pero si
ella estaba más bien que nunca, con la panza llena y saciada? ¿Qué mierda
ocurría?
En eso vio dos
luces verdes. ¿Sería un gato de Mary Janes?, pero no eran como los ojos de un
gato, más bien como de una persona. Venían directo al lugar donde todos habían
terminado de almorzar y donde todos, menos ella, habían caído. Y siete personas
aparecieron ahí, y la miraban con rostros sonrientes. Las analizó y se dio
cuenta que eran raros, no parecían gente de esa ciudad. Por cierto, la más
adelantada tenía ojos extraños, resultó ser la de los ojos brillantes. Verla
con esos ojos le hizo sentir un poco de temor. Entonces, ¿quiénes eran estos
personajes que se atrevían a entrar a la covacha sin previo aviso y en un momento
desopilante como este? Dando un paso al frente y decidida a encararlos, escuchó
en la mente una voz suave decirle - ¡Hola señorita Samy! Estamos muy felices de
haberla encontrado -, aunque fueron palabras, no eran en su idioma, más bien eran…
castellano, el idioma que sus padres y tíos hablaban entre ellos. Sin embargo,
supo lo que le había dicho esa voz.
La habían
encontrado, ¿será una nueva táctica de la policía para encarcelarla acusada del
asesinato de su familia? Hasta entonces, había sido capaz de pasar
desapercibida y los vagos habían hecho de lo suyo para que la policía no la
encontrara después de haber huido de la comisaría. Desde ese mismo día que
ocurrió lo peor, hace ya casi siete meses desde cuando había comenzado todo el
calvario. Y ahora, cuando se sentía más acostumbrada, la venían a encontrar. Pero
a diferencia de otras veces, esta vez se habían sacado de encima a los vagos,
es decir, a los que la ocultaban y la mantenían en resguardo, y distraían a la
policía si es que ponían un ojo sobre ella, con sus artilugios vehementes, como
los denominaba Mike el sabio. Pensaba Samy, si no había sido la policía, ¿por
qué estaban todos dormidos justamente cuando aparece este grupo de personas, y
cuando una le transmite que estaban felices de haberla encontrado?
Un momento,
recapacitó, a la suave voz la había escuchado en la cabeza, ¿cómo podía ser? Y
sólo se le ocurrió que era una estrategia más tecnológica para apresarla.
Aunque recordó los consejos de Rose, no pudo evitar sentirse nerviosa, y el
corazón le empezó a latir con fuerza, en la cabeza empezaron a darle esas
puntadas que le provocaban unas jaquecas dolorosísimas; miró a sus amigos, y
los nervios aumentaron. De lo tensa que empezó a estar, notó que estaba
lastimándose las palmas de las manos con las uñas, porque las apretaba en forma
de puños a los lados de su cadera, llegando a clavárselas y hacerse tajos de
donde fluyó sangre. Recordó una vez más las recomendaciones de Rose – Tómate
las cosas con calma, Samy, pase lo que pase, no te exasperes. Sé paciente, y
pon la cabeza en frío, así podrás pensar mejor las cosas y no estallarás de
ira, y nadie saldrá lastimado -; mas no era fácil, o más bien, no estaba siendo
sencillo contenerse precisamente ahora, que todo iba muy bien: habían almorzado
riquísimo, charlaban sin problemas, ninguno estaba enfermo ni ebrio hasta las
costillas… pero no, tuvieron que meterse con ellos, con sus amigos y su actual familia,
para agarrarla y someterla a prisión acusada por algo que no había hecho, conscientemente…
no le creían, nadie le creía, sólo los vagos la habían comprendido y aceptado,
y no estaban para ayudarla. Entonces lo decidió, estaba sola, y las cosas las
iba a hacer a su manera. Otra vez les echó un vistazo a cada uno, de pronto dio
cuenta que había tres jóvenes, parecían de su misma edad, ¿acaso también los iban
a apresar? Siguió mirando. No parecían de la policía, ni siquiera de médicos,
psiquiatras, ni mucho menos bomberos, más bien eran como personajes de
fantasía, exceptuando los tres jóvenes parados detrás de los cuatro más raros.
-
¿Quiénes
son? – decidió preguntarles en un grito. Claro está que ella aún les habla en
inglés.
Y sintió la misma voz en su mente – Somos seguidores de la Magia Blanca
enviados por el mago de los magos. Señorita Samy, debe acompañarnos, por favor - . Vio cómo la de los ojos brillantes y
verdes venía caminado lenta hacia ella, el cabello estaba flotando como si lo
moviera el viento, y volvió a sentir la voz – Mi nombre es Simploy y soy la que
le habla en la mente, así usted me podrá entender, porque si le hablo en palabras
no podrá, pues nuestras lenguas son diferentes. Debe acompañarnos, por favor -
. Y de un momento a otro, la tenía a un paso de distancia.
¿Qué los debía acompañar? ¿Que los enviaba un mago? Lo único que
pudo razonar es que eran puras patrañas, le estaban haciendo una cama para que
caiga y por motus propio se encarcele. No era una idiota, no caería con ese
cuento tan simple. Sí, era la policía, nada más que con otras caras y otras
ropas. Y una vez más sus ojos se toparon con sus amigos desmayados… (¡Oh, no,
va a suceder! Lo siento, lo siento, lo siento… Discúlpame Rose, pero ya no
puedo contenerme, mira lo que te han hecho, ¡lo que le han hecho al grupo! Me
vengaré y volveremos a estar tranquilos). Y escuchó gritar a la de los ojos
verdes y la vio retroceder en un abrir y cerrar de ojos, flotando. Y luego la
volvió a escuchar, pero en la mente - ¡Señorita Samy, es el Fuego, el Fuego la
está dominando, no lo permita, no lo permitaaa!
- ¡Sí,
y qué! ¿Qué me harán? ¿Me molerán a tiros? ¡Háganlo si se atreven! – les gritó.
Para entonces se sentía llena de ira y sabía que no había vuelta atrás. Entonces,
la que se había atrevido a acercársele, le lanzó una bola de aire. Sí, era una
bola de aire, y sintió que era para atraparla. Sin más, ardió en llamas desde los
pies hasta la cabeza la rodeó fuego ígneo, pero no la quemaba, por el
contrario, ella se sentía parte. Y cuando la esfera de aire estaba llegando, le
lanzó una bola incandescente y la rechazó. ¡Oh, sí! Qué poderosa se estaba
sintiendo, y le encantaba.
Cada vez que el fuego salía de ella, se sentía tremendamente fuerte,
invencible. Otra vez miró a los entrometidos, y notó que los tres jóvenes
estaban a favor de la policía. ¡Alcahuetes!, pensó. Y vio que los protegían,
que la de los ojos brillantes lanzaba tres bolas de ese aire y de pronto
quedaron envueltos. Los demás se colocaron por delante en fila horizontal; la
estaban enfrentando. Ahora hablaban entre ellos, y gracias a que estaba en ese
estado, los comprendió. No sabía bien por qué, pero cada vez que salía el fuego,
sus sentidos y su inteligencia se potenciaban. Afinó los oídos, y gracias al
fuego activo, entendió que estaban tramando su captura.
-
¡Si
se atreven, no dudaré en marchitarlos a todos! – les gritó en su lengua, ahora,
gracias a las cualidades que el fuego le potenciaba, les podía hablar en
castellano – Déjenme en paz, de lo contario, se van a morir.
-
Te
equivocas mucho, nosotros vinimos para ayudarte – le dijo la otra mujer, era
alta y de cabellos muy rubios, estaba llevando un largo bastón en su mano
izquierda.
-
¡Todos
dicen lo mismo, pero nadie me ayuda, sólo quieren apresarme y condenarme a
muerte!
-
No
somos quien piensa, señorita Samy. No somos la policía – le dijo la de los ojos
verdes fulgurantes.
-
¡Basta
de patrañas, me están haciendo enfurecer más! – gritó de forma atroz. Y al
escucharse, notó que su voz no era la misma, se había puesto más grave.
Una vez más se
atrevió a lanzarle una bola, pero esta vez no era de aire, sino que se trató de
una esfera de luz, era energía. No lo dudo e hizo estallar el fuego que la rodeaba, gritó extendiendo su cuerpo y echando la
cabeza para atrás. Con el fuego aun más vivaz, alzó ambas manos y formó dos llamaradas, se las lanzó,
primero la de la mano
derecha y luego la de la mano izquierda. Los vio saltar a un lado, el fuego
revotó
contra las esferas que
protegían a esos tres jóvenes, y dio con una mesa de madera, la mesa de Johnny, uno de los más ancianos de la
covacha, y en un instante se incendió.
-
¡Mire
lo que le hace hacer el fuego! Lo que le ha hecho a su familia – le dijo la de
los ojos brillantes.
-
¡Cállate,
cállate! No hables de mi familia, mi familia está muerta – le gritó y se sintió
con más poder.
-
Ya lo
sabemos, señorita Samy, no hace falta que lo cuente. Nosotros podremos
ayudarla, ¡créanos! Lo que hace no sirve de nada, sólo dañará y destruirá como
lo viene haciendo…
La interrumpió
apretando los ojos y gritando - ¡Yo no hice nadaaa! – sintió al fuego
más encendido. El poder iba en aumento, no paraba de crecer. Se le vino a la mente y lo hizo, junto más llamas en sus manos, y
lanzó una, dos, tres, hasta diez llamaradas sin cesar, y de pronto se dio cuenta que no lo hacía al
voleo como en veces anteriores, sino que era precisa. Aunque les daba, esto extraños
agentes llegaban a protegerse, o esquivando lo cual provocaba que algo
se impregne de fuego, o rechazando con sus habilidades. Se avivó que todo se iba
prendiendo fuego, entonces, para no ocasionar lo mismo que a su familia de sangre, desde su dedo
índice derecho hizo
brotar finos lazos de fuego que conformaron un círculo concéntrico en cada uno
de
los vagos, eso los mantendría a
salvo. Y también pensó que si continuaba así, echaría a perder su morada, por eso, empezó por ser aún más
precisa y a no desperdiciar nada de su querido fuego. Así entonces, les tiró más y más fogonazos, y
cuando se los esquivaban
o rechazaban, ella los hacía volar hasta sus manos otra vez, para volver a lanzarlos.
Y en eso escuchó
decir al hombre – Simploy, has algo, las cosas no están bien.
-
¡Ja,
ja, ja! – rió Samy a carcajadas, su voz ya era ronca y resonante. Después volvió a
escuchar que agregaba - ¿No te das cuenta que no se puede dialogar? - El Fuego la está poseyendo… - escuchó decir a la de los ojos
brillantes.
-
¿Y
qué hacemos entonces, Simploy? Se nos está yendo de las manos, no podemos
perder más tiempo, nos hallarán y estaremos en verdaderos problemas – le contestó el que tenía orejas largas.
Para no dejarles
que planeen algo en contra suyo, Samy avanzó. Fue caminando despacio,
pero muy segura de ella misma. A diferencia de otras personas que la vieron en fuego, no había temor en las caras de los
entrometidos, sí preocupación. No daban ni un solo paso atrás, tampoco cuando llegó a estar en
sus frentes – Váyanse -. Siguieron insistiendo sin dar un traspié – Cuando
estés con nosotros -. La respuesta de la de los ojos brillantes no fue lo esperado, por
eso, se sacó más de quicio; frunció el rostro, la jaqueca dio un punzante dolor en sus ojos,
que extrañamente los empezaba a sentir calientes, y la escuchó en la mente – Samy,
nosotros no somos policías,
usted lo sabe bien, en el fondo lo sabe. No se cierre, déjese ayudar, nosotros somos su ayuda verdadera.
-
¡Basta,
salte de mí cabezaaa! ¡Bastaaa! -, perdiendo su temple, atinó a tomarse la
cabeza con las dos manos. La sacudió con fuerza, intentando echar a la
voz.
-
Le
pido disculpas por haber dormido a sus amigos, a su actual familia, pero si
ellos presencian esto, tú y ellos y nosotros correremos mucho riesgo. Ni bien
salga de aquí con nosotros, los despertaré. No les he hecho ningún daño ni
tengo intensiones de hacerlo, pero dadas las circunstancias tuve que dormirlos
con un hechizo. Sí, soy una maga. Y tiene la suerte… - Samy la interrumpió.
-
Basta,
no te permitiré entrar en mi mente – le contestó recuperando la compostura. La
miró con cara inexpresiva.
Y en eso escuchó
gritar a la dama alta - ¡¡Se la está comiendo, la cara de Samy no es la de
Samy!! ¡Simploy basta de diálogo, actúa! – La vio mirar a la de los ojos
brillantes y gritarle - ¡Simploy, si no estás capacitada para manejar esta
situación, lo haremos nosotros! – Ambas mujeres se miraron, luego, la de los
ojos brillantes miró a los otros, pero no a los tres encerrados en las esferas.
Observó que todos le exigían con la mirada. La alta dijo “Se la está comiendo…”. Pero no pudo continuar razonando la idea, porque la fuerza del fuego salía y salía de su
cuerpo a borbotones. Y los vio alarmados haciéndola reír, le divertía verlos
nerviosos por ella y el fuego - ¡Ja! No pueden conmigo, mi poder es aún más
grande – le salió decirle. Ahora altiva y arrogante, la inspeccionó de arriba
abajo, y de abajo a arriba, mientras se cruzó de brazos, y le rió en la cara.
Sintió querer entrar la voz, pero se lo impidió, al final era bastante sencillo
hacerlo. Sin que ninguno lo sepa, se asombró internamente de la forma en que el
fuego le amplificaba sus habilidades. Los círculos emanados seguían alrededor
de sus durmientes amigos, los incendios localizados habían menguado. Perfecto,
pensó, lo estaba sobrellevando muy bien, mil veces mejor que anteriormente.
Y se le ocurrió
que en estas condiciones estaba capacitada para jugar un poco. Pudo cambiar de
lugar en un abrir y cerrar de ojos, moviéndose hasta los tres encerrados; ahora
estaba por detrás dejando a los tres en el medio de ella y los policías. Vio
cómo las caras de los cuatro enloquecían de asombro, pero también de susto. Y
rió por dentro, transluciendo una mueca risueña. Escuchó gritar al hombre, o
muchacho… - ¡Maldición, maldición! Es más astuta que los otros.
-
Estás
satisfecha, Simploy – le dijo con el rostro enojado la mujer alta del palo.
No escuchó
respuesta de la llamada Simploy, la que parecía la líder (¡Fantástico, los
estoy dominando!). Y de pronto, cuando se regocijaba de su acto, el palo de la
mujer
alta destelló cegándola, luego,
sintió que la abrazaban por detrás y un grito de dolor. Cuando el resplandor cesó, el hombre, que más bien
era otro joven un poco más grande que ella, la tenía agarrada de la espalda entrelazándola con los
brazos, a la par que su fuego lo estaba quemando. Sin terminar de reaccionar, se le vino
encima el de las orejas largas, era altísimo, notó cuando lo tuvo en su frente. También la
abrazó.
-
¡Nooo!
¡No lo hagan así! – Oyó exclamar a la de los ojos brillantes.
La mujer alta
también se le acercó, el batón centellaba en la punta y sus cabellos flotaban.
En un momento, vio que le abalanzaba el bastón, ¡le iba a dar en la cabeza! Y fue que estalló deshaciéndose de los que casi la
capturan lazándolos por los aires. Escuchó como daban contra los troncos que mantenían al muelle en
pie, y abrió sus ojos antes cerrados mientras hacía fuerza para salirse. Era ella, pero
sentía el cuerpo distinto.
6
Ahora bien, mientras que intentaban capturar, porque
eso era lo que estaban haciendo, a la Portadora Fuego, los otros tres
portadores expectaban desde las esferas en las que los había envuelto Simploy,
sin sus consentimientos.
Cuando estaban
bajando por las escaleras antes de encontrarse con la última portadora como la
llamaban los demás, Simploy se dirigió a ellos para decirles – Señores
portadores, ahora nos encontraremos con Samy. Deben saber que ella no es como
ustedes, ella ha pasado por cosas feas desde que el Fuego se le manifestó, y
por eso tiene un carácter un tanto… irritable. Manténganse al margen, ¿si? Si
algo raro llegara a pasar, yo los protegeré, los envolveré en aire, y estarán a
salvo. Hoy seguramente veamos otra de las manifestaciones del Fuego, lo siento
activo y muy conectado a su portadora, por eso digo que es diferente su
situación a la de ustedes.
-
Pero
queremos ayudar – dijo Ariel.
-
Nada
de eso, ustedes se quedarán fuera de todo esto.
-
Pero
como portadores sabemos cómo se siente, podemos hablar con ella y… - acotó
Logan.
-
No
señor Logan, no es como ustedes piensan, nada que ver… No es como nada que
hayan visto. Así que harán lo que digo, ¿entendido?
-
Pero…
-
Pero
nada, señorita Zatí. Esto es así, y punto – y se giró para tomar la delantera.
-
Bah…
nos tienen como monigotes – dijo Logan a sus iguales.
Iban a seguir
caminando, pero Zatí les chistó y fueron con ella, retrasándose un poco.
Tampoco estaban los Ripul,
porque quedaron de vigías arriba por si las presencias ingratas aparecían, como
Marakzamet les pidió. No se pararon en círculo porque los protectores iban a
cazar sus intrigas, pero se dispusieron con los cuerpos casi pegados y sin
parar de caminar para pasar desapercibidos.
-
¿Qué
pasa? – le preguntó Ariel por lo bajo.
-
Muchachos,
como portadores de la naturaleza que somos no podemos quedarnos sin hacer nada
– les dijo primero, susurraba -. Nosotros sabemos bien lo que sentimos. Simploy sabe mucho, pero nosotros
somos los genuinos portadores
y tenemos derecho a participar si la situación lo exige.
-
Em…
¿y qué tienes pensado hacer? – le preguntó Logan a la vez que la miraba con
ojos en rejilla levantando el mentón con aire de desconfianza.
-
Estemos
conectados como en la isla, que sabíamos lo que pensábamos.
-
Ah,
pero eso empezó desde antes de la isla… mmm, cuando estábamos yendo a buscarte.
-
Ah…–
les respondió con las manos en la cintura. Luego agregó – En fin… estemos
conectados, y tratemos de conectarnos con la de fuego, ¿qué les parece?
-
A mí
no me parece una mala idea – dijo Ariel, al mismo tiempo que echaba un vistazo
rápido hacia adelante.
-
No
sé… miren que a mí no me gusta que nos tengan como idiotas, pero Simploy ha
sido muy específica… - les dijo Logan.
-
¿¡Ah,
pero qué te pasa!? Lo dice porque se preocupa. A mí me parece una buena idea la
de Zatí.
-
¿Entonces?
– acotó ella.
-
Y
bueno… está bien, dos contra uno. Pero después si metemos la pata, yo no me
hago cargo del plan.
-
Pero
si vamos a participar los tres… - dijo
Zatí por lo bajo muequeando la boca hacia un lado.
-
¿Qué
quieres decir?
-
Miren
a Simploy, creo que empezó con el hechizo… - los alertó Ariel.
Y pusieron
atención en el cambio de aspecto de Simploy, luego avanzaron con el grupo, y
todas las personas de ese lugar empezaron a caer dormidos. Una joven apareció,
no caía al suelo, supusieron que esa era la Portadora Fuego, y con lo que luego
presenciarían, estaría confirmado.
Todo pasó y ahora
acababa de arrojar a Ewon, Agoth y Marakzamet por los aires golpeándolos contra
los troncos, pero cuando la volvieron a ver era distinta. El cabello danzaba
alzado como una fogata, tenía los ojos llameantes, las pupilas eran fuego
encendido, el rostro parecía habérsele estirado dejándole la boca tensa como si
se hubiera hecho un lifting instantáneo, y con las mejillas enrojecidas.
Parecía haber aumentado de tamaño y ensanchado su musculación. Por los brazos y
las piernas le recorrían las
ramificaciones de venas inflamadas. Daba profundas inspiraciones y cuando
exhalaba largaba vapores. Escucharon decir a Ewon desde el suelo – Se la ha
chupado, se la ha chupado - , y consecutivamente a Simploy – Les dije que así
no eran las cosas, ¡se los dije! – Por primera vez la vieron enojada con sus
compañeros, le chirriaba la dentadura y tenía el ceño bien fruncido. Y de
pronto, el verde resplandor de sus ojos empezó a desvanecerse dejando ver de a
poco el violeta.
-
¿Acaso
Simploy no puede contener más el hechizo del sueño, o me equivoco? – escucharon
en la mente Logan y Ariel, decir a Zatí.
-
No
sé, pero yo estoy intuyendo lo mismo… – contestó a sus iguales Ariel.
-
Están
en lo cierto, amigos, Simploy tiene dificultad para mantener el hechizo del sueño.
¿Pero cómo podemos sentir eso nosotros?
- les pensó Logan.
-
No
sé, pero lo estamos intuyendo… - transmitió Zatí para aseverar las ideas.
En eso la
Portadora Fuego empezó a reír a carcajadas mientras que se miraba las manos.
Miraron a Simploy y la notaron preocupada, miraron a los demás, y directamente
estaban como aterrorizados. La del Fuego habló dejando oír una voz gutural -
¡Pero qué bien me siento! Esto es ¡fantástico! Estoy manejando al fuego, ¡ja, ja,
ja!
-
¡Se
equivoca, señorita Samy! – le dijo de pronto Simploy – Es al revés, el Fuego la
está manejando a usted, lo único que quiere es salir de su cuerpo, y a costa de
eso usted morirá. ¡Usted no está preparada para manipular la energía del Fuego,
no se da cuenta, su cuerpo explotará! ¡Créame!
-
Tú…
tú que quieres apresarme… No lo lograrás, ¡nadie lo logrará! – le dijo
clavándole esos ojos infernales.
-
Señorita
Samy, escúcheme bien, yo sé que usted no mató a su familia, fue el Fuego
manifestándose el que lo hizo – y le gritó señalándose la cabeza con los dedos
índice - ¡Yo lo vi todo en mi cabeza, se cómo ocurrió! Y ahora si no me deja
ayudarla, la matará a usted. Las arterias de su cuerpo aún no están preparadas
para hacer fluir semejante energía…
-
¡Basta
de palabrerío! – dijo con esa voz feroz y volvió a lanzar una bola de fuego,
ahora directo a Simploy.
Pero su
protectora fue astuta, y como ya antes la habían visto Ariel y Logan en la batalla
contra los demonios, Simploy se rodeó se esa aura prismática. Y entonces absorbió la bola de fuego dejando atónito a todos,
inclusive a la Portadora Fuego – No podrá contra mí, mi magia es aún más avanzada - .
Cuando terminó de decir esa última palabra, habiéndolo hecho de forma lenta y concisa, los demás se
pusieron de pie, y notaron
a Marakzamet alarmado, su rostro lo reflejaba. Luego vieron que miró a Ewon, ambos se pusieron muy serios. Y Agoth desenvainó su
espada que la había preparado antes de bajar, cruzándosela con un cordel al pecho.
-
¿Qué
has dicho, Simploy? – dijo Marakzamet a Simploy. Pero la maga no le respondió.
Enfrentaba a la Portadora Fuego centellando prismáticamente; a su alrededor
brillaban todos los colores del sol – Simploy te he preguntado algo, ¿cómo es
eso de magia avanzada? – insistió Marakzamet.
-
No me
molestes, ya la han embarrado, yo solucionaré todo – y centelló
enormemente.
-
¿¡Simploy!?
– asombrados dijeron Agoth y Ewon.
-
Mira
muchachita, tu eres una pequeña y… - sin dejarlo al Elfo terminar de hablarle,
lo trasladó con aire hacia atrás, sin turbarlo ni tirarlo al piso - ¡Córranse, ustedes no pueden hacer nada!
Y fue cuando
Simploy misma comenzó a emanar fuego de sus manos, pero no sólo era fuego, sino que también hacía
soplar aire, y a su alrededor el prisma resplandecía. Para sorprender aún más
al grupo, agregó agua al fuego y al aire. Mezcló los tres elementos en una esfera de
importante diámetro y la dispuso a flotar sobre su palma izquierda, al poco tiempo,
piedritas que había en el suelo se sumaron al rejunte energético, y se sonrió como diciéndole a la
Portadora Fuego “¿Y ahora?”. Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, le lanzó al pecho
el cúmulo de energía y se transportó corriendo como la luz, con los portadores ya
reclutados. Estaba parada delante de ellos y a las espaldas de la Portadora Fuego, que se
restregaba el pecho. Simploy la miró y extendió la mano izquierda sobre la cabeza de Samy, la derecha se
la
puso en la zona del corazón
desde la espalda, y emanó de las palmas aún más de esa energía multielemental. Pero cuando parecía que las esferas iban a chocar
contra la Portadora Fuego, ella dio un alarido y se encendió aún más. Los tres portadores
encerrados escucharon gritar a Agoth el nombre de la maga; su magia había sido
rechazada por las poderosas llamas de fuego. Es así que una vez despejada la humareda del choque,
todos vieron a Simploy bastante marchita, y a la Portadora Fuego intacta. Simploy estaba fatigada,
pero así y todo, enderezó su espalda e hizo frente – El Fuego tiene fuerza, más de la que usted puede
manipular, señorita Samy, tiene que entenderlo.
-
Eres
insistente, ¡bah! – se quejó y sin más le echó tres lazos de fuego desde el
dedo índice de la mano derecha, capturándola tal cual sogas. Y comenzaron a
apretujarla a la par que la iban quemando - ¡Ja, ja, ja!
-
Es
hora – escucharon Ariel y Logan en las mentes, era la voz de Zatí.
Y logrando una interconexión perfecta, los tres se concentraron,
sin bacilar, para entrar en la mente de
la del fuego, Samy. Estaba cerrada, era increíble la fuerza que tuvieron que
hacer, estrujaron los ojos y las mandíbulas, pero al final pudieron
llegarle.
-
Samy,
Samy, ¿nos oyes? – consultó a la mente de Samy, Logan.
-
Somos
nosotros, los tres que están en las esferas de aire – le dijo Ariel.
-
Somos
portadores, como tú, pero del Aire, de la Tierra y del Agua – le informó Zatí.
Sus voces
mentales eran calmas, pero sus caras no expresaban lo mismo, porque estaban
haciendo un gran esfuerzo para mantener la conexión con la Portadora Fuego. Y
gritó - ¡Salgan de mi cabeza, yaaa! -.
Espiaron abriendo apenas un ojo y la vieron tomarse de la cabeza y doblarse en dos, llevando el
pecho hacia los muslos -
Calma, no estamos aquí para
hacerte daño. Cuando vinieron por nosotros también nos asustamos, pero son buena gente. Ellos
están para protegernos, Samy – le dijo Logan.
-
Sí,
vení con nosotros. Nos necesitan para algo grande – agregó Ariel.
-
Nos
necesitan para conseguir la Paz Mundial – ratificó Zatí.
Y de pronto la
Portadora Fuego cayó de rodillas sin dejarse de agarrar la cabeza. Sin ver con
sus ojos, lo supieron. En eso le habló en sus mentes por primera vez, le escucharon
su voz chiquilina y quejosa – ¡Déjenme, déjenme en paz!
-
Pero
si no estás en paz, Samy. Si te quedas aquí nunca lo estarás, siento que la
gente no te quiere, siento tu tristeza, siento tu pena y tu furia, porque nadie
te comprende. Nosotros sí, porque pasamos por lo mismo que ti – muy calma le transmitió
Zatí.
-
Ven,
será más divertido – la apremió Logan.
-
No
tenés nada que perder, Samy. Vení y vas a estar a salvo – confesó Ariel.
-
¡Salgan
de mi cabeza, salgan, por favooor! Me quema, me está quemando… Ya no lo puedo
contener, no lo resisto más, mi cabeza va a explotar – les dijo echándose en el
suelo.
Abrieron apenas
los ojos y estaba acurrucada como un feto, envuelta en vigorosas llamas. Con el
esfuerzo mental y la concentración puesta en el asunto, no atendieron a que Simploy ya había escapado de las
fogosas cintas de Samy y estaba ahora parada junto a los demás, alrededor de Samy.
- Todo va a salir bien, Samy – le dijo Ariel.
- Sí, relájate, y podrás pensar las cosas mejor – aconsejó Zatí. Y
fue como una chispa mágica, porque sintieron que Samy abrió los ojos en un
instante
reaccionando, y luego, todo ese
inmenso poder se inmiscuía para sí, directo al corazón; las venas de
desinflamaron, su cabello volvió a la normalidad y se puso pálida como un papel.
Vaticinando el
fin del espectáculo, Logan les gritó a los demás, que estaban rodeando alertas
a Samy – ¡Ya, se ha desmayado, es el momento! – vio sus caras de sorpresa, mas
no perdieron tiempo en pedir explicaciones. Simploy invocó una esfera de aire,
de las mismas que usó para proteger a los portadores, y envolvió a Samy. Ya
dentro, liberó a los otros y les cruzó una mirada que lo decía todo: sé lo que hicieron, señores
portadores, felicitaciones.
-
¿Cómo
fue que pasó? ¿Qué has hecho, Simploy? – interrogó Agoth, todavía estaba
pasmado de asombro.
-
No ha
sido Simploy, o eso es lo que creo… – dijo Ewon, y miró a la maga seria.
-
¿Eh?
-
Agoth,
han sido los portadores. Ellos se han intercomunicado con la señorita Samy.
-
¿Qué…
qué?
-
Lo
que has oído, los portadores se comunicaron mentalmente con Samy. Se ve que
ella no pudo resistir la tensión provocada por el flujo de energía del Elemento Fuego, es decir, llegó al límite. Y ellos
lograron tranquilizarla, en consecuencia, obstruyo el canal energético y el Fuego retrocedió,
de lo contrario hubiera
estallado, y ¡chau señorita Samy!
-
Ah… -
fue sólo lo que dijo, quedándose pensativo acariciándose el mentón.
-
¿Qué
pasará cuando despierte? – Preguntó Ewon – Esta chica es un peligro…
-
Y no
le va a gustar encontrarse en la esfera, y darse cuenta que la capturamos – le
respondió Simploy.
-
¿Sacará
al Fuego? – consultó el Elfo.
-
Eso
no puedo confirmarlo, depende de ella. Aunque teóricamente debe haber quedado
hecha trizas, no creo que tenga las fuerzas suficientes para llegar a este nivel de manifestación. Por eso es importante que la
hagamos sentir muy bien, debemos demostrarle lo que somos a cada momento.
-
Está
bien, Simploy – dijo Marakzamet - . De todas maneras tenemos a los portadores
para aconsejarla – les sonrió a los tres jóvenes - ¡Y miren nomás! ¡Ya están
los cuatro reunidos! – los avivó a todos de pronto.
-
Es
cierto… - susurró Ewon.
Los tres
portadores vieron cómo sus protectores se alegraban, los ojos parecían
brillarles como perlas jolgoriosos, cayeron en la cuenta que los vagos
empezaron a
balbucear por lo bajo. Y cuando
iban animosos directo a la salida con Samy flotando en medio del grupo y de lado de Simploy, se toparon con los Ripul que les hablaron a las mentes - ¡Ya, hay que partir! Una energía oscura se
acerca…
-
¿Saben
de quién se trata? – les preguntó Ewon.
-
Sí,
es el mago Óctubeus.
Ni bien transmitieron esa idea, los portadores
vieron que las caras alegres se transformaron. Nadie gastó tiempo para opinar
ni explicar más nada. Simploy los subió a los tres al Ripul haciéndolos levitar, los demás ya estaban
acomodados. La nueva integrante iría con Simploy, aun desmayada y en la esfera
de aire.
-
Regresamos
a la caverna – dijo nada más Simploy sin elevar la voz.
Estando ya
dispuestos y con todo listo, Ewon silbó y, dejando un pequeño remolino de
polvo, los Ripul despegaron veloces surcando las escaleras y saliendo
como proyectiles elevándose en los cielos. Mientras ascendían, Simploy miró
abajo sin percibir la llegada de Óctubeus, hasta que todo se convirtió en
puntos (Gracias Ripul por
el aviso, partimos a tiempo). Las tres grandes aves piaron en señal de respuesta.
A Simploy le latía veloz el pecho.
A. M.
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