lunes, 19 de enero de 2015

Capítulo VIII: Integridad

El Gran Sueño
Vol. I: La Búsqueda

Web: http://anahimendez.wix.com/egs-labusqueda

-Capítulo VIII-
Integridad


1

Así fue todo, cuando el sol estaba en su cenit, la dama chifló y los Ripul despegaron. Según los cálculos informados al grupo por Simploy, faltaba poco para encontrar a la última portadora. Y a pedido de Ewon, los Ripul formaron un triángulo, encabezado por el que iban ella y Simploy, a su izquierda Agoth y Marakzamet, y a su derecha los tres portadores. Tomaron gran velocidad haciendo que el aire se dividiera en dos ejes. 
Una excepcional emoción corría por los pechos de los cuatro ajenos al mundo moderno. En sus mentes preguntas como qué ocurriría, cómo pasaría, cómo despertarían, y similares Y sus posibles respuestas… porque no quedaba mucho para tener frente a frente a los cuatro portadores unidos; con sólo imaginarlo, tenían ansiedad. Luego de ocho horas, otra vez la noche, pero para ese momento, ni el mar ni la llanura, en su lugar se extendía la urbanización con sus luces incandescentes. Percibían que el tiempo transcurría sin cesar. Dos días más se sucedieron y en la caída de esa tarde cálida fue cuando ingresaron a los cielos de la ciudad portuaria de Newcastle.
Pero entonces, en un solo grito Marakzamet dijo - ¡Áskemul está aquí! - . Cortándoles el trayecto en seco, un enorme rostro se les apareció obstruyéndoles el paso.

2

Delante de ellos había aparecido de la nada un rostro inmenso. Un poco después de la impresión, los portadores se dieron cuenta que se parecía mucho a Marakzamet. Los demás ya la habían reconocido, aunque para Simploy y Agoth esta era la primera vez que la veían, sólo la conocían por relatos.
Era una mujer de tez clara, ojos cristalinos y almendrados, nariz afilada, boca fina rosa pálido. Sus cabellos lacios y rubios como el sol, resplandecían como las estrellas, los llevaba cubiertos de enjambres de flores exóticas, y por lo que llegaban a ver, parecían ser muy largos. Y al igual que Marakzamet, sus orejas eran puntiagudas y prominentes. Entonces resonó en todo el cielo local su voz - ¡Alto ahí! – Les dijo – La travesía concluyó, misioneros de Túkmuney -, y sin darles ni un segundo para hablar, desató una tempestad convirtiendo al cielo en oscuro y relampagueante, y a la brisa en vientos huracanados. Y rió mostrándoles sus perfectos dientes blancos. Luego agregó - ¡Marakzamet, vuelve con los tuyos!
-         ¡Detente! – le contestó al inmenso rostro – Esto no te incumbe.
-         ¿Cómo qué no? No reunirán a los Elementos Primordiales, YO NO LO PERMITIRÉ – les dijo a todos imponiendo su voz, y el viento sopló encima de ellos.
La tormenta estaba siendo tan intensa que ni siquiera los Ripul podían sortearla. Empezaban a tambalearse para arriba y abajo, y para los lados, y aunque aleteaban con fuerza, no lograban mantener el equilibrio. Sus jinetes también se desestabilizaban, se sacudían hacia los costados y hacían cualquier intento para seguir tomados de las plumas, pero con las intensas sacudidas, se resbalaban. El primer bolsón que cayó fue el de Logan, que a pesar de ser un chico aferrado a sus cosas, en este momento ni siquiera se inmutó.
El viento soplaba cada vez con más potencia envolviéndolos. Si recuerdas el acontecimiento en el desierto, pues bien, esa tormenta de arena no fue ni la mitad de ésta que azotaban sin cesar. Relámpagos y truenos acompañados con lluvia impedían la interconexión entre los viajeros, porque los ensordecía y cegaba. Cada vez más, las gigantescas aves fueron perdiendo todo equilibrio, ahora no había rastros de ese armónico triángulo, más bien, parecían una bola de plumas girando y girando, descendiendo y ascendiendo. Sin embargo, no se daban por vencidos, con mucho esfuerzo agilizaban sus alas usándolas de veletas, intentando amainar, nada más un poco, el tornado. Le transmitieron a los jinetes sus ideas -  ¡Haremos todo lo posible por no dejarlos caer! Pero necesitamos que aminoren peso, por favor.
-         ¡Ya lo oyeron! ¡Vamos, arrojemos todos los equipajes! – gritó con todas sus fuerzas Ewon.
-         ¡¿Y los objetos?! – Exclamó Agoth – ¡No podemos deshacernos de ellos!
En ese momento, Marakzamet impuso su voz, fue increíble la forma en que mutó. Se pareció a la de un dios, pensaron los portadores - ¡Nadie arroje nada, entendido, nadie arroje nada!
-         ¡Pero si no caeremos, los Ripul lo necesitan! – gritó Ewon casi trastabillando.
-         ¡Ewon, si lo hacemos, ella….! Ella no puede poseerlos – dijo con la misma voz  resonante.
El gran rostro de la mujer se hizo aún más inmenso - ¡Vamos Marakzamet, vuelve con los tuyos, es una orden!
-         A mi tú no me ordenas nada, Áskemul – le dijo afrontándola.
-         Como reina de los Elfos y como tu hermana mayor estoy en todo el derecho de  ordenarte lo que me plazca, ¡y tú debes obedecer! – gritó.
-         No me importa ni tu título de nobleza ni tu sangre, ¡nunca regresaré con seres tan nefastos como ustedes, con asesinos e inquisidores! – le contestó en ese tono de voz engrandecido. 
-         ¡Oh! ¿Pero cómo te atreves, mocoso? – el rostro se desencajó e hizo a la tempestad más feroz.
Los Ripul giraban y giraban envueltos en el remolino tormentoso, habían  perdido toda estabilidad. A veces, con los pechos hacia arriba, otras veces, con las cabezas abajo, y los jinetes estaban al borde de la caída. Ya habían perdido el curso, sólo se bamboleaban de aquí para allá. Fue cuando Simploy puso a prueba el hechizo  del Aire, pero sin efecto.
-         ¡Es magia élfica, eso no sirve de nada!  - le dijo Marakzamet. 
-         ¿¡Pero có-cómo…!? – estupefacta, Simploy balbuceó a la par que intentaba  agarrarse del cuello del Ripul.
Por el lado de los portadores, las cosas iban de mal en peor. Ahora el equipaje  que cayó fue el de Ariel. Gritaban y gemían, porque sentían al terror mismo, sentían que iban a morir en cualquier momento, porque ellos, gente común, no eran tan diestros para mantenerse al Ripul. Ahora Logan estaba sujetando a Zatí de un brazo, porque se había resbalado sin llegar a tomar ni una sola pluma.
-         ¡No te sueltes, por favoooor, Zatí! – dijo Logan, mientras con la otra mano hacía un esfuerzo inhumano para sostenerse del cuello del Ripul
-         ¡Ahahaha! – exclamó y gritó que se caía en el idioma de Bukoba. 
De un instante a otro, Simploy llegó a verlos - ¡Los portadores, los portadores! – gritó. Entonces, sin dudarlo ni por un segundo, lanzó un hechizo que alzó a Zatí desde los pies y la colocó sobre el ave; había sido un rayo de luz que golpeó a la portadora agua y con el impulso la subió. Ambos muchachos la agarraron con la mano que tenían libre. 
-         ¡La concha de la su madreee! – insultó Ariel a la hermana de Marakzamet - ¡BASTAAA! – gimió después. Estaba prendido cual cría de orangután, del pájaro.  
-         ¡Qué alguien haga algo, por favor! – gritó Logan al grupo. - ¡Por favooor! – rogó en un gritó.
La Elfa Áskemul estaba riendo a carcajadas, porque disfrutaba del ponzoñoso evento - ¡Ja, ja, ja! No son más que un rejunte de escoria humana – les dijo a todos – Con Elementos Primordiales o sin ellos van a terminar pudriéndose, ¡ja, ja, ja! 
-         ¡Maldita Elfa! – Le maldijo Ewon - ¡Elfa asquerosa! – y luego, aferrada al Ripul, le lanzó un escupitajo al aire.
El rostro de Áskemul enfureció y le clavó los ojos a Ewon – Mmm… nunca  aprenderás, Ewon, quiénes somos los más fuertes y perfectos. Mira, ¿y dónde están tus bestias para ayudarte? ¡Ah, cierto! Están por morir junto con todos ustedes, ¡ja, ja, ja! – y lanzó un soplido desde su boca hacia Ewon, quien si no fuera por la magia de Simploy, que creó una liana desde su mano izquierda para atar de la cintura a su compañera, hubiera sido lanzada hacia la tormenta perdiéndose en ella. 
No tuvo tiempo para darle las gracias, sólo para volver a asirse al ave. Agoth, que iba con Marakzamet, estuvo a punto de salir despedido, pero gracias a su propia destreza, logró agarrarse de la punta de la cola emplumada del Ripul. Luego, el Elfo se estiró mientras se sujetaba del cuello, extendiéndole la mano derecha a su compañero, y otra vez, estaban ambos en el lomo. 
-         Maldición, ¿cómo nos pudo haber encontrado? – le dijo a Agoth.
-         Y si no lo sabes tú… - contestó con la boca llena de aire el guerrero – Pero si  seguimos así… bueno, mira a los portadores, me gustaría poder hacer algo para ayudarlos.
El Elfo divisó, atravesando los vientos huracanados y la lluvia, a los portadores.  Los pobres jóvenes la estaban pasando terrible, haciendo esfuerzos del más allá para no caer. Si ellos, tres muchachos de los hombres comunes aún no se daban por vencidos, él, que era un Elfo de Alta Estirpe (según las denominaciones internas élficas) poseedores de grandes dones mágicos, ¿cómo es que aún su hermana estaba allí atormentando a sus amigos? Frunció el ceño y se propuso dar fin al cometido. 
-         Finaliza esto ya, de lo contrario te arrepentirás – le dijo con la voz engrandecida  a su hermana.
-         ¿Acaso me desafías? – le contestó su rostro sonriéndole.
-         ¡Finalízalo yaaa! – le gritó y el cuerpo empezó a ser rodeado por un resplandor  plateado.
-         ¡Eres un traidor, un traidor a tu familia y a tu raza! – estaba furiosa. 
A la sazón, Marakzamet saltó del Ripul y oyó que todo el grupo gritó que “no”, incluida la voz de Ewon. Increíble, pensó. Se dispuso a levitar por entre los turbulentos aires y a amplificar su energía.
-         ¿Pero qué haces, hermano? – el rostro furioso de Áskemul ahora se mostró sorprendido.
-         Si tú no quieres finalizar lo que has generado, pienso hacerlo yo – le dijo enfrentándola a los ojos.
-         ¿Que qué harás? ¡Ja, ja, ja! No me hagas reír, hermano. Sabes muy bien que soy de las Elfas más poderosas, sino mira a tu alrededor, ¿te queda alguna duda?
-         Pues te demostraré lo contario – y el resplandor de su cuerpo aumentaba segundo tras segundo. Cada vez se hacía más amplio y brillante. Tenía la cara bien seria y no le bajó la vista ni un momento.
Después de aproximadamente treinta segundos, Marakzamet se había convertido  en una estrella de lo brillante y lo esféricamente enorme que era su energía. Centellaba y centellaba iluminando todo a su alrededor. Y expresó sus verdaderos sentimientos - ¡Siento vergüenza de mi familia, asesinos!
El rostro de su hermana dio un bramido espeluznante semejante a una serpiente cascabel, y se les vino encima intentando engullirlos. Pero sin dejarla, Marakzamet, el Elfo renegado, lanzó su bola de energía plateada hacia la gigantesca boca de Áskemul. Oyeron gemir y gritar “¡Estás desterrado y condenado a muerte, hermano traidor!”, y luego otro alarido infernal que invadió toda la zona. La luz chocó con el rostro y se lo devoró. Pronto todo volvió a la normalidad, la tempestad desapareció junto con el rostro de Áskemul, y los Ripul pudieron estabilizarse. Los portadores vieron al Elfo fatigado, no paraba de inhalar y exhalar, y por primera vez lo vieron transpirado. El Ripul que transportaba a Ewon y Simploy se acercó a Marakzamet, y sorprendiendo a todos, incluso al propio Elfo, Ewon lo tomó de un brazo poniéndolo sobre el ave y lo abrazó. 
- Muchas gracias, Marakzamet – le dijo mirándolo directo a los ojos cansados - Nos has salvado y has salvado a la Misión -, y lo abrazó con más fuerza.

3

Ahora bien, a la mañana siguiente del imprevisto con Áskemul, todavía desconocido para ella, cuando fue para el baño público del fast-food de la M, notó conmoción en la calle. Muchas personas hacían colas en los puestos de diarios, los bares con televisión estaban atestados de gente, y los habitantes parecían estar bastante exaltados. Se dio cuenta que muchos miraban sin parar hacia arriba, no hacia las terrazas de los edificios, sino al cielo, y también la mayoría llevaba paraguas a pesar de ser un día soleado sin una nube. Sin embargo, como todos los días de los últimos meses, continuó su camino para el fast-food. Doblo en la esquina y llegó a la avenida principal del centro del barrio. Caminó más rápido, pues le urgía evacuar sus necesidades, y llegó al fast-food. Una vez aliviada y aseada, lo más aseada que podía estar viviendo en la calle,  salió del local.
Ni bien puso un paso afuera, la chocó a un hombre de traje con su porta laptop bajo la axila, que ingresaba - ¡Ay, fíjese por dónde va! – Le dijo – Al menos pídame disculpas, maleducado -, pero el hombre ni siquiera se inmutó, cosa muy extraña porque desde que tuvo que empezar a vivir en la calle, era excluía y mirada con malos ojos; estaba apurado como la mayoría de la gente en la calle ese día. Un poco malhumorada, caminó a paso vivo con el ceño fruncido y los puños cerrados, hasta el corte de semáforo para comenzar con la rutina diaria de pedir limosna. Cruzó la calle mirando a los lados. Sin siquiera llegar a la otra esquina, su esquina “laboral”, el sonido que salía desde la nueva peluquería que contaba con un exclusivo spa y centro de estética (como mencionaba la pegatina de letras verde agua en la vidriera) la atrajo instintivamente. Se paró con una mano apoyada en el vidrio y miró, el sonido era del televisor que sintonizaba uno de los tantos noticiarios; todas las damas y los dos caballeros, tanto los que estaban siendo atendidos como los que aguardaban su turno, estaban como hipnotizados con los ojos puestos en la TV. Las empleadas y empleados iban echándole un ojo mientras desempeñaban sus tareas. Puso atención al informativo; un notero estaba dando la reseña de lo que el cartelote rojo con letras blancas anunciaba en la parte inferior de la pantalla: Peligro en Newcastle: los habitantes tienen miedo ante los gritos del Cielo
- … nadie llegó a ver nada, pero todos están asustados. Varios de nuestros testimonios recogidos desde la noche hasta esta mañana sin descanso, concuerdan que se escucharon gritos desde el cielo. Todos nos preguntamos, ¿qué puede haber sido? Pero eso no fue todo, también se produjo una tormenta sin igual que oscureció todo el cielo de la localidad portuaria. Nuestros colegas del servicio meteorológico nos aseguran que el pronóstico no anunciaba lluvias ni tormentas ni en un uno por ciento, por el contrario, nos afirman que el paso de la tarde a la noche iba a ser despejado y de clima favorable. Aquí, desde TVRash Noticias, tenemos el testimonio exclusivo de una ciudadana que vio desde su casa, ubicada justo abajo del extraño acontecimiento, y oyó los gritos del Cielo. ¿Es así, Sra. Williams?
-         Sí, sí, es así. 
-         ¿Cómo sucedió?
-         Yo estaba terminando de cenar mientras miraba una película, y de pronto… - su  cara se estremeció y abrió los ojos bien grandes, a la par que gestualizaba con las palmas de las manos abiertas – Se puso todo oscuro, ¡oscurísimo!,  de un momento a otro. Salí al jardín y vi que el cielo estaba tormentoso y empezó a soplar un viento fuertísimo que me voló toda la ropa que tenía colgada. Mis vecinos también salieron de sus casas… 
-         ¿Ellos también lo vieron, Sra. Williams?
-         ¡Oh, sí, claro que sí!  - aseveró moviendo la cabeza – Parecía que se venía un  huracán. Pensé, ¿a esta altura del año, cómo puede ser? Pero sí, empezó a moverse todo, los árboles se movían, ¡parecían que se iban a arrancar de la tierra! Me asusté muchísimo…
-         ¿Qué sintió, Sra. Williams?
-         Sentí miedo, mucho miedo, porque usted no sabe lo fuerte que corría el viento…  y también comenzó a llover… ¡Oh… el cielo se había puesto negro, y se veían los espirales de la tormenta! ¡Era un huracán enooorme!
-         ¿De qué dimensiones?
-         Enorme, de más de 30 metros… ¡más!
-         Impresionante…
-         Sí que lo fue, fue terrible, pero eso no fue todo…
-         ¿Qué más ocurrió?
-         El grito, después vino el grito infernal.
-         ¿Cómo fue el grito?
-         Oh… como… como… como un rugido, ¡no! Como un bufido como hacen las  víboras, sí, así fue, como una víbora lanzándose a su presa…
-         Oh, espeluznante, Sra. Williams.
-         Sí que lo fue, así como usted lo dice, es-pe-luz-nan-te. Nos miramos con mis vecinos, estábamos muy asustados, ¡imagínese!
-         Claro que lo imagino, me pongo en su lugar, en sus lugares y también me hubiera estremecido de miedo.
-         Es que sí, fue una cosa pavorosa… ¿Sabe qué me puse hacer?
-         ¿Qué? Dígame qué hizo, Sra. Williams.
-         Recé. Corrí hasta mi alcoba, descolgué el crucifijo del Señor, y me puse a rezar de rodillas diez Padres Nuestros para que todo cesara y nadie muera. ¿Y sabe qué?
-         Qué, Sra. Williams.
-         Al poco tiempo se vio esa Luz, esa Luz Resplandeciente, y pasó todo… ¡Oh, sí! El Señor me oyó, estoy segurísima de ello, yo le recé a Él, y nadie resultó lastimado. 
-         ¿Usted cree que todo ha sido obra divina?
-         ¡No, divina no! Fue obra del otro, del impío…
-         ¿Usted lo cree?
-         ¡Claro que sí! Y el Señor le venció.
-         Aquí escuchamos las desgarradoras palabras de la Sra. Williams, una vecina de  Newcastle como cualquier otro, que sufrió el miedo del grito del Cielo. Ella asegura que Dios escuchó sus plegarias y que puso fin a la calamidad. Otros aseveran que fue el choque de dos corrientes, una caliente y otra fría, pero lo cierto es que el misterio persiste en Newcastle – el periodista hizo una pausa, miraba a la cámara - . Aquí desde Newcastle, Matthew Brown, informando para TVRash Noticias.
Cambio de toma, y ahora en primer plano, el periodista conductor del informativo – Gracias Matthew. Ha sido impresionante el testimonio de la ciudadana – cambio de cámara -. Pasamos ahora al reconocido surfista David Taylor. El joven maestro de las olas estaba practicando cuando el Cielo grito. Vamos al informe.
Extraño. En sus dieciocho años vividos en Newcastle había presenciado fuertes tormentas, pero nunca se había armado tanto revuelo. No le hizo falta quedarse a escuchar el testimonio de David Taylor, ya se había impresionado con el de esa tal Sra. Williams. Qué más da, entonces fue hasta su esquina y empezó a pedir dinero como todos los días desde hace unos meses atrás cuando tuvo que arreglárselas sola o morir. Pero no era un buen día, si la gente solía prestarle poca atención, hoy era nula. La mayoría estaba conmocionada y no le daba el apunte, es más, al igual que el hombre de la laptop, varios la llevaron por delante sin pedir disculpas, sin siquiera mirarla, sin siquiera insultarla… ¿Cuál era el problema? ¿Tendría que viajar abandonando la tierra escogida por sus padres para que los problemas terminen? Primero el fuego, después la muerte de toda su familia, ahora gritos en el cielo, ¿qué más seguía? ¿Las pestes y los Siete Jinetes del Apocalipsis? ¿O es que era ella el mal de Newcastle que estaba desperdigando su desgracia a todos? Lo que fuera deseaba que pare de una vez por todas, deseaba  despertar de la pesadilla, abrir los ojos, y ver a sus padres sonriéndole, y a sus hermanos y primos. ¡Cómo anhelaba el deseo…! Llegó a la conclusión que era inútil, hoy, pedir limosna.
Se retiró a la covacha, arrastrando los pies. Con la cabeza gacha, vio su reflejo en un charco: vio una chica de la calle, una indigente; sus ropajes sucios y gastados, los cabellos antes lacios y brillantes, ahora eran una maraña. Estaba delgaducha, y con la piel tajeada de resequedad y polvo. Y prosiguió triste hasta su covacha en el puerto, más bien, debajo de él, debajo del muelle donde los indigentes de Newcastle se alojan. No eran muchos, pues la vida en Australia es buena, pero como en todos los lados del mundo, había vagos que se habían echado a los harapos y a la bebida vaya a saber uno la razón. Y ella, la huerfanilla hosca, como la llamaba una vieja que le caía bastante bien con la que hablaba cuando no tenía la ginebra en la mano – Samy, me llamo Samy, ¿cuántas veces lo tengo que decir? -, le decía ella, pero la anciana reía simpática exponiéndole que debía ser más alegre y fastidiarse menos – Eres joven, si ahora eres una huraña, cuando tengas mi edad serás una vieja amarga y cascarrabias odiada por todos. Samy, ¡relájate! - . Y si llegaba a oírla la comunidad de vagos, también reían y le daban la razón. Eran buena gente, como todos tenían sus mañas, ¡y sí que eran raras!, pero lo cierto es que les debía dar las gracias a todos por ser los únicos en no escapar de ella, y por haberle dado un espacio para seguir adelante. Porque a partir del último cumpleaños de su padre, cuando se perturbada o enojaba cosas terribles podía hacer…

4

Mientras tanto, Simploy ya había visualizado a Samy en su mente y hallado el lugar exacto donde residía. No perdió tiempo para indicarle a Ewon dónde debían aterrizar, y sin que nadie se los pidiera, lo Ripul implementaron, otra vez, la ilusión para que nadie los pueda ver, ni a ellos ni al grupo de humanos que transportaban. Con respecto a los equipajes que cayeron durante el imprevisto con Áskemul, ya los habían recogido; bajaron hasta el lugar preciso, y como el bolso de Ariel había estallado rompiéndose, pusieron todo en el de Logan que nada más se le falseó el cierre: su bolso tenía triple costura, era impermeable y lo había comprado en un local especializado en camping y deportes extremos. Muy distinto al de Ariel, que había sido un bolso de mano de tela de avión de costura simple. No dudaron en tomarse ese tiempo para ir en busca de los equipajes caídos, para así no dejar rastros en la zona y generar más revuelo en el mundo de los hombres comunes de Newcastle. De lo contrario, los hubieran abandonado sin tapujos. Y una vez bien dispuestos, los Ripul volaron veloces y en un santiamén habían llegado al muelle de la región, donde varias personas estaban desempeñando sus labores, mas gracias a la ilusión de las aves, aunque los rozaran, en ningún momento se percataban de sus presencias.
No quiso decírselos a sus compañeros y menos a los portadores, para no alarmar al grupo, pero Simploy iba sintiendo más y más el carácter de la portadora del fuego, al mismo tiempo que iba descifrando las penurias vividas. Sólo se atrevió a decirles – La siento muy cerca, está aquí, abajo -, con los ojos cerrados y los dedos índice y mayor en la sien de lado a lado –, pero no está sola, está acompañada de bastante gente… - abrió sus ojos violetas – Aunque estemos invisibles, todos la verán, verán que mira algo y que habla… sola. 
-         ¿Y entonces? – preguntó Agoth.
-         Entonces no queda otra alternativa que emplear magia sobre sus acompañantes. No me gustaría hacerlo, pero debido a las circunstancias…
-         ¿Qué harás? – le consultó el Elfo.
-         Los dormiré a todos – respondió Simploy.
-         Me parece muy bien – dijo Agoth.
-         A mí no me gusta poner magia sobre la gente común…
-         Simploy, no les estarás haciendo ningún daño, entiendo tu postura, pero no les  harás nada malo – le dijo Ewon para animarla, porque la vio dubitativa.
-         Pero es como un abuso… - le contestó Simploy.
-         No se enterarán – dijo Ewon.
-         Lo sé, pero igualmente me hace sentir mal… pero bueno, debemos incorporar a  la Portado Fuego, es muy importante.
-         Así es – la alentó Ewon y le sonrió bondadosa a la par que le palmeaba la  espalda. 
-         Tengo un mal presentimiento – dijo de pronto Zatí en voz baja. Todos la miraron.
-         ¿Qué ocurre? – le preguntó Simploy.
Zatí la miró y agregó – Si duermes a todos… la Portadora Fuego lo notará, y no sé… es una sensación fea que siento en el pecho, a veces me pasa cuando algo malo va a ocurrir.
-         ¿Sabes de qué se trata?
-         No exactamente – todos estaban impresionados, ya sea por los sentidos de Zatí  como por su buen español - ¿No hay otra alternativa que no sea dormir a la gente?
-         Pues no – escucharon en las cabezas la transmisión de los Ripul -, no la hay. Y también presentimos el mal presagio. Creemos que a la Portadora Fuego no le agradará que toquen a sus compañeros. Mas si nos ven, todo será peor. Nosotros no permitiremos que la gente común nos vea, tampoco es bueno que los vean a ustedes. De una u otra forma, el mal presagio está. Si ocurrirá, que sea de la manera en que ustedes y nosotros podamos desenvolvernos con mayor eficacia.
Todos observaron a las tres aves levantando la vista y arqueando la nuca para  atrás.
-         Pues entonces, vamos. Hay que salir de esta zona lo antes posible. Lo peor es  que Áskemul vuelva, y de seguro no lo hará sola – le dijo al grupo Marakzamet adelantándose tres pasos. 
-         ¿Estamos todos listos? – preguntó Agoth.
-         Sí, ni bien estemos bajando, haré el hechizo del sueño. Espero que todo salga bien…
-         Estemos preparados para cualquier cosa – escucharon en la mente a los Ripul
Y avanzaron hacia la escalera de metal que conectaba con la sección inferior del muelle, donde la Portadora Fuego estaba. Y a cada paso Simploy la sentía con más claridad consiguiendo sacar una fotografía de la portadora: su rostro, su cuerpo, su personalidad. Los Ripul y Zatí estaban en lo cierto, pero a diferencia de ellos, la joven maga blanca se hacía una idea más precisa de la situación que afrontarían en breve: ella dormiría a sus compañeros, a las únicas personas de Newcastle que no la rechazaban, a sus amigos y nueva familia, y la portadora del fuego, Samy, como es que se llamaba, se iba a fastidiar bastante. Para cuando estaban pisando el antepenúltimo escalón descendente, lo supo: el Elemento Fuego estaba activo, y su portadora podía hacer uso de Él. Entonces elevó las dos manos, se reconcentró para conseguir la energía necesaria y realizar el hechizo, que por cierto no era de principiantes sino una brujería  avanzada que no todos los magos sabían manejar. Sintió los ojos fríos y la cabeza dura (como debía ser), y emanó su magia. En ese momento, los portadores ya reclutados vieron flotar la cabellera blanca de Simploy y sus ojos ya no eran violetas, sino que ahora eran dos luces verdes que centellaban en sus órbitas sin iris ni pupila alguna.

5

-         Ni una sola moneda, parece que hoy no es un buen día – estaba comentando uno de los vagos, Jack el sordo, como se hacía llamar y como lo llamaba la compañía, porque para charlar había que gritarle.
-         Están todos locos, apurados – le dijo Samy.
-         Dicen que Dios y el Diablo anduvieron haciendo de las suyas – agregó Spielberg arrastrando las palabras, el vago del diente brillante que no pasaba ni un día sobrio, ni un día. 
-         ¡Patrañas! – Exclamó desde el fondo Mary Janes, la señora de los gatos – Son todos unos locos de remate, Samy tiene razón, ¡qué se pudran! – y escupió un flemón al piso. 
-         La loca eres tú – provocó Amanda, otra latina como Samy.
-         ¿Loca yo? Pues lávate la boca antes de dirigirme la palabra – contestó Mary Janes.
Los demás, incluida Samy, le hicieron señas a Amanda para que pare, porque si no se iba a armar un embrollo tremendo. La señora de los gatos en verdad era una desquiciada que nunca iba a dar el brazo a torcer, si la discusión continuaba y pasaba a mayores, ella comenzaba a revolearles cosas a todos, sin importar quiénes eran ni qué objeta estaba arrojando. 
-         No podemos negarlo, algo raro ocurrió, nos guste o no, y eso ha influido en el comportamiento de los ciudadanos – dijo Mike el sabio, como lo llamaban allí. Se decía en el grupo que había sido un filósofo de cátedra, pero que un día entró a la casa y vio a la mujer fornicando con su mejor amigo. Y de ahí en más se tiró a la calle y a la bebida. Las veces que Samy había charlado con él, notó a leguas su diferencia lingüística y de coeficiente, sus modos, costumbres, y sus relatos. 
Es así que todos intercambiaban hipótesis de lo acontecido, algunas eran más razonables que otras, pero todos pusieron sobre la mesa su especulación. En eso llegó Rose, la vieja que Samy más apreciaba, con una gran bandeja de plástico que transportaba un pollo entero y papas fritas – Miren lo que he traído – les dijo. Todos la miraron y se pusieron alegres, el pollo aún estaba caliente, humeaba. Algunos se pararon directo a Rose, pero ella, ateniéndose a las consecuencias fue más lista y agregó – Todos los que gusten de un pollito y papitas calientes se sientan. Lo he traído para com-par-tir.
Samy les vio los rostros animosos, a pesar de la mala jornada “laboral”, la vieja les había alegrado el día trayendo un exquisito almuerzo. Lo comieron de un momento a otro. Y entonces, cuando se iba a poner de pie para buscar algo de beber de la heladera transportable de polietileno, fue cuando vio como cada uno, sin excepción, se desplomaba al suelo - ¿¡Pero qué les pasa a todos!? – Pensó asustada - ¡Hey, qué ocurreee! – Les gritó - ¡Holaaa! – volvió a gritarles a sus compañeros de la covacha. Pero ninguno contestó, todos estaban tirados en el suelo… parecían estar ¿dormidos? ¿Sería el pollo en mal estado? ¿Pero si ella estaba más bien que nunca, con la panza llena y saciada? ¿Qué mierda ocurría?
En eso vio dos luces verdes. ¿Sería un gato de Mary Janes?, pero no eran como los ojos de un gato, más bien como de una persona. Venían directo al lugar donde todos habían terminado de almorzar y donde todos, menos ella, habían caído. Y siete personas aparecieron ahí, y la miraban con rostros sonrientes. Las analizó y se dio cuenta que eran raros, no parecían gente de esa ciudad. Por cierto, la más adelantada tenía ojos extraños, resultó ser la de los ojos brillantes. Verla con esos ojos le hizo sentir un poco de temor. Entonces, ¿quiénes eran estos personajes que se atrevían a entrar a la covacha sin previo aviso y en un momento desopilante como este? Dando un paso al frente y decidida a encararlos, escuchó en la mente una voz suave decirle - ¡Hola señorita Samy! Estamos muy felices de haberla encontrado -, aunque fueron palabras, no eran en su idioma, más bien eran… castellano, el idioma que sus padres y tíos hablaban entre ellos. Sin embargo, supo lo que le había dicho esa voz.
La habían encontrado, ¿será una nueva táctica de la policía para encarcelarla acusada del asesinato de su familia? Hasta entonces, había sido capaz de pasar desapercibida y los vagos habían hecho de lo suyo para que la policía no la encontrara después de haber huido de la comisaría. Desde ese mismo día que ocurrió lo peor, hace ya casi siete meses desde cuando había comenzado todo el calvario. Y ahora, cuando se sentía más acostumbrada, la venían a encontrar. Pero a diferencia de otras veces, esta vez se habían sacado de encima a los vagos, es decir, a los que la ocultaban y la mantenían en resguardo, y distraían a la policía si es que ponían un ojo sobre ella, con sus artilugios vehementes, como los denominaba Mike el sabio. Pensaba Samy, si no había sido la policía, ¿por qué estaban todos dormidos justamente cuando aparece este grupo de personas, y cuando una le transmite que estaban felices de haberla encontrado?
Un momento, recapacitó, a la suave voz la había escuchado en la cabeza, ¿cómo podía ser? Y sólo se le ocurrió que era una estrategia más tecnológica para apresarla. Aunque recordó los consejos de Rose, no pudo evitar sentirse nerviosa, y el corazón le empezó a latir con fuerza, en la cabeza empezaron a darle esas puntadas que le provocaban unas jaquecas dolorosísimas; miró a sus amigos, y los nervios aumentaron. De lo tensa que empezó a estar, notó que estaba lastimándose las palmas de las manos con las uñas, porque las apretaba en forma de puños a los lados de su cadera, llegando a clavárselas y hacerse tajos de donde fluyó sangre. Recordó una vez más las recomendaciones de Rose – Tómate las cosas con calma, Samy, pase lo que pase, no te exasperes. Sé paciente, y pon la cabeza en frío, así podrás pensar mejor las cosas y no estallarás de ira, y nadie saldrá lastimado -; mas no era fácil, o más bien, no estaba siendo sencillo contenerse precisamente ahora, que todo iba muy bien: habían almorzado riquísimo, charlaban sin problemas, ninguno estaba enfermo ni ebrio hasta las costillas… pero no, tuvieron que meterse con ellos, con sus amigos y su actual familia, para agarrarla y someterla a prisión acusada por algo que no había hecho, conscientemente… no le creían, nadie le creía, sólo los vagos la habían comprendido y aceptado, y no estaban para ayudarla. Entonces lo decidió, estaba sola, y las cosas las iba a hacer a su manera. Otra vez les echó un vistazo a cada uno, de pronto dio cuenta que había tres jóvenes, parecían de su misma edad, ¿acaso también los iban a apresar? Siguió mirando. No parecían de la policía, ni siquiera de médicos, psiquiatras, ni mucho menos bomberos, más bien eran como personajes de fantasía, exceptuando los tres jóvenes parados detrás de los cuatro más raros.
-         ¿Quiénes son? – decidió preguntarles en un grito. Claro está que ella aún les habla en inglés.
Y sintió la misma voz en su mente – Somos seguidores de la Magia Blanca enviados por el mago de los magos. Señorita Samy, debe acompañarnos, por  favor - . Vio cómo la de los ojos brillantes y verdes venía caminado lenta hacia ella, el cabello estaba flotando como si lo moviera el viento, y volvió a sentir la voz – Mi nombre es Simploy y soy la que le habla en la mente, así usted me podrá entender, porque si le hablo en palabras no podrá, pues nuestras lenguas son diferentes. Debe acompañarnos, por favor - . Y de un momento a otro, la tenía a un paso de distancia. 
¿Qué los debía acompañar? ¿Que los enviaba un mago? Lo único que pudo razonar es que eran puras patrañas, le estaban haciendo una cama para que caiga y por motus propio se encarcele. No era una idiota, no caería con ese cuento tan simple. Sí, era la policía, nada más que con otras caras y otras ropas. Y una vez más sus ojos se toparon con sus amigos desmayados… (¡Oh, no, va a suceder! Lo siento, lo siento, lo siento… Discúlpame Rose, pero ya no puedo contenerme, mira lo que te han hecho, ¡lo que le han hecho al grupo! Me vengaré y volveremos a estar tranquilos). Y escuchó gritar a la de los ojos verdes y la vio retroceder en un abrir y cerrar de ojos, flotando. Y luego la volvió a escuchar, pero en la mente - ¡Señorita Samy, es el Fuego, el Fuego la está dominando, no lo permita, no lo permitaaa!
- ¡Sí, y qué! ¿Qué me harán? ¿Me molerán a tiros? ¡Háganlo si se atreven! – les gritó. Para entonces se sentía llena de ira y sabía que no había vuelta atrás. Entonces, la que se había atrevido a acercársele, le lanzó una bola de aire. Sí, era una bola de aire, y sintió que era para atraparla. Sin más, ardió en llamas desde los pies hasta la cabeza la rodeó fuego ígneo, pero no la quemaba, por el contrario, ella se sentía parte. Y cuando la esfera de aire estaba llegando, le lanzó una bola incandescente y la rechazó. ¡Oh, sí! Qué poderosa se estaba sintiendo, y le encantaba.
Cada vez que el fuego salía de ella, se sentía tremendamente fuerte, invencible. Otra vez miró a los entrometidos, y notó que los tres jóvenes estaban a favor de la policía. ¡Alcahuetes!, pensó. Y vio que los protegían, que la de los ojos brillantes lanzaba tres bolas de ese aire y de pronto quedaron envueltos. Los demás se colocaron por delante en fila horizontal; la estaban enfrentando. Ahora hablaban entre ellos, y gracias a que estaba en ese estado, los comprendió. No sabía bien por qué, pero cada vez que salía el fuego, sus sentidos y su inteligencia se potenciaban. Afinó los oídos, y gracias al fuego activo, entendió que estaban tramando su captura.
-         ¡Si se atreven, no dudaré en marchitarlos a todos! – les gritó en su lengua, ahora, gracias a las cualidades que el fuego le potenciaba, les podía hablar en castellano – Déjenme en paz, de lo contario, se van a morir. 
-         Te equivocas mucho, nosotros vinimos para ayudarte – le dijo la otra mujer, era alta y de cabellos muy rubios, estaba llevando un largo bastón en su mano izquierda.
-         ¡Todos dicen lo mismo, pero nadie me ayuda, sólo quieren apresarme y condenarme a muerte! 
-         No somos quien piensa, señorita Samy. No somos la policía – le dijo la de los ojos verdes fulgurantes. 
-         ¡Basta de patrañas, me están haciendo enfurecer más! – gritó de forma atroz. Y al escucharse, notó que su voz no era la misma, se había puesto más grave.
Una vez más se atrevió a lanzarle una bola, pero esta vez no era de aire, sino que se trató de una esfera de luz, era energía. No lo dudo e hizo estallar el fuego que la rodeaba, gritó extendiendo su cuerpo y echando la cabeza para atrás. Con el fuego aun más vivaz, alzó ambas manos y formó dos llamaradas, se las lanzó, primero la de la mano derecha y luego la de la mano izquierda. Los vio saltar a un lado, el fuego revotó contra las esferas que protegían a esos tres jóvenes, y dio con una mesa de madera, la mesa de Johnny, uno de los más ancianos de la covacha, y en un instante se incendió.
-         ¡Mire lo que le hace hacer el fuego! Lo que le ha hecho a su familia – le dijo la de los ojos brillantes.
-         ¡Cállate, cállate! No hables de mi familia, mi familia está muerta – le gritó y se sintió con más poder. 
-         Ya lo sabemos, señorita Samy, no hace falta que lo cuente. Nosotros podremos ayudarla, ¡créanos! Lo que hace no sirve de nada, sólo dañará y destruirá como lo viene haciendo…
La interrumpió apretando los ojos y gritando - ¡Yo no hice nadaaa! – sintió al  fuego más encendido. El poder iba en aumento, no paraba de crecer. Se le vino a la mente y lo hizo, junto más llamas en sus manos, y lanzó una, dos, tres, hasta diez llamaradas sin cesar, y de pronto se dio cuenta que no lo hacía al voleo como en veces anteriores, sino que era precisa. Aunque les daba, esto extraños agentes llegaban a  protegerse, o esquivando lo cual provocaba que algo se impregne de fuego, o rechazando con sus habilidades. Se avivó que todo se iba prendiendo fuego, entonces, para no ocasionar lo mismo que a su familia de sangre, desde su dedo índice derecho hizo brotar finos lazos de fuego que conformaron un círculo concéntrico en cada uno de los vagos, eso los mantendría a salvo. Y también pensó que si continuaba así, echaría a perder su morada, por eso, empezó por ser aún más precisa y a no desperdiciar nada de su querido fuego. Así entonces, les tiró más y más fogonazos, y cuando se los esquivaban o rechazaban, ella los hacía volar hasta sus manos otra vez, para volver a lanzarlos. 
Y en eso escuchó decir al hombre – Simploy, has algo, las cosas no están bien.
-         ¡Ja, ja, ja! – rió Samy a carcajadas, su voz ya era ronca y resonante. Después  volvió a escuchar que agregaba - ¿No te das cuenta que no se puede dialogar? - El Fuego la está poseyendo… - escuchó decir a la de los ojos brillantes.
-         ¿Y qué hacemos entonces, Simploy? Se nos está yendo de las manos, no podemos perder más tiempo, nos hallarán y estaremos en verdaderos problemas – le contestó el que tenía orejas largas.
Para no dejarles que planeen algo en contra suyo, Samy avanzó. Fue caminando  despacio, pero muy segura de ella misma. A diferencia de otras personas que la vieron en fuego, no había temor en las caras de los entrometidos, sí preocupación. No daban ni un solo paso atrás, tampoco cuando llegó a estar en sus frentes – Váyanse -. Siguieron insistiendo sin dar un traspié – Cuando estés con nosotros -. La respuesta de la de los ojos brillantes no fue lo esperado, por eso, se sacó más de quicio; frunció el rostro, la jaqueca dio un punzante dolor en sus ojos, que extrañamente los empezaba a sentir calientes, y la escuchó en la mente – Samy, nosotros no somos policías, usted lo sabe bien, en el fondo lo sabe. No se cierre, déjese ayudar, nosotros somos su ayuda verdadera.
-         ¡Basta, salte de mí cabezaaa! ¡Bastaaa! -, perdiendo su temple, atinó a tomarse la cabeza con las dos manos. La sacudió con fuerza, intentando echar a la voz. 
-         Le pido disculpas por haber dormido a sus amigos, a su actual familia, pero si ellos presencian esto, tú y ellos y nosotros correremos mucho riesgo. Ni bien salga de aquí con nosotros, los despertaré. No les he hecho ningún daño ni tengo intensiones de hacerlo, pero dadas las circunstancias tuve que dormirlos con un hechizo. Sí, soy una maga. Y tiene la suerte… - Samy la interrumpió.
-         Basta, no te permitiré entrar en mi mente – le contestó recuperando la compostura. La miró con cara inexpresiva.
Y en eso escuchó gritar a la dama alta - ¡¡Se la está comiendo, la cara de Samy no es la de Samy!! ¡Simploy basta de diálogo, actúa! – La vio mirar a la de los ojos brillantes y gritarle - ¡Simploy, si no estás capacitada para manejar esta situación, lo haremos nosotros! – Ambas mujeres se miraron, luego, la de los ojos brillantes miró a los otros, pero no a los tres encerrados en las esferas. Observó que todos le exigían con la mirada. La alta dijo Se la está comiendo…”. Pero no pudo continuar razonando la idea,  porque la fuerza del fuego salía y salía de su cuerpo a borbotones. Y los vio alarmados haciéndola reír, le divertía verlos nerviosos por ella y el fuego - ¡Ja! No pueden conmigo, mi poder es aún más grande – le salió decirle. Ahora altiva y arrogante, la inspeccionó de arriba abajo, y de abajo a arriba, mientras se cruzó de brazos, y le rió en la cara. Sintió querer entrar la voz, pero se lo impidió, al final era bastante sencillo hacerlo. Sin que ninguno lo sepa, se asombró internamente de la forma en que el fuego le amplificaba sus habilidades. Los círculos emanados seguían alrededor de sus durmientes amigos, los incendios localizados habían menguado. Perfecto, pensó, lo estaba sobrellevando muy bien, mil veces mejor que anteriormente.
Y se le ocurrió que en estas condiciones estaba capacitada para jugar un poco. Pudo cambiar de lugar en un abrir y cerrar de ojos, moviéndose hasta los tres encerrados; ahora estaba por detrás dejando a los tres en el medio de ella y los policías. Vio cómo las caras de los cuatro enloquecían de asombro, pero también de susto. Y rió por dentro, transluciendo una mueca risueña. Escuchó gritar al hombre, o muchacho… - ¡Maldición, maldición! Es más astuta que los otros.
-         Estás satisfecha, Simploy – le dijo con el rostro enojado la mujer alta del palo.
No escuchó respuesta de la llamada Simploy, la que parecía la líder (¡Fantástico,  los estoy dominando!). Y de pronto, cuando se regocijaba de su acto, el palo de la mujer alta destelló cegándola, luego, sintió que la abrazaban por detrás y un grito de dolor. Cuando el resplandor cesó, el hombre, que más bien era otro joven un poco más grande que ella, la tenía agarrada de la espalda entrelazándola con los brazos, a la par que su fuego lo estaba quemando. Sin terminar de reaccionar, se le vino encima el de las orejas largas, era altísimo, notó cuando lo tuvo en su frente. También la abrazó. 
-         ¡Nooo! ¡No lo hagan así! – Oyó exclamar a la de los ojos brillantes.
La mujer alta también se le acercó, el batón centellaba en la punta y sus cabellos  flotaban. En un momento, vio que le abalanzaba el bastón, ¡le iba a dar en la cabeza! Y fue que estalló deshaciéndose de los que casi la capturan lazándolos por los aires. Escuchó como daban contra los troncos que mantenían al muelle en pie, y abrió sus ojos antes cerrados mientras hacía fuerza para salirse. Era ella, pero sentía el cuerpo distinto. 

6

Ahora bien, mientras que intentaban capturar, porque eso era lo que estaban haciendo, a la Portadora Fuego, los otros tres portadores expectaban desde las esferas en las que los había envuelto Simploy, sin sus consentimientos.
Cuando estaban bajando por las escaleras antes de encontrarse con la última portadora como la llamaban los demás, Simploy se dirigió a ellos para decirles – Señores portadores, ahora nos encontraremos con Samy. Deben saber que ella no es como ustedes, ella ha pasado por cosas feas desde que el Fuego se le manifestó, y por eso tiene un carácter un tanto… irritable. Manténganse al margen, ¿si? Si algo raro llegara a pasar, yo los protegeré, los envolveré en aire, y estarán a salvo. Hoy seguramente veamos otra de las manifestaciones del Fuego, lo siento activo y muy conectado a su portadora, por eso digo que es diferente su situación a la de ustedes. 
-         Pero queremos ayudar – dijo Ariel.
-         Nada de eso, ustedes se quedarán fuera de todo esto.
-         Pero como portadores sabemos cómo se siente, podemos hablar con ella y… - acotó Logan.
-         No señor Logan, no es como ustedes piensan, nada que ver… No es como nada  que hayan visto. Así que harán lo que digo, ¿entendido?
-         Pero…
-         Pero nada, señorita Zatí. Esto es así, y punto – y se giró para tomar la delantera.
-         Bah… nos tienen como monigotes – dijo Logan a sus iguales.
Iban a seguir caminando, pero Zatí les chistó y fueron con ella, retrasándose un poco. Tampoco estaban los Ripul, porque quedaron de vigías arriba por si las presencias ingratas aparecían, como Marakzamet les pidió. No se pararon en círculo porque los protectores iban a cazar sus intrigas, pero se dispusieron con los cuerpos casi pegados y sin parar de caminar para pasar desapercibidos.
-         ¿Qué pasa? – le preguntó Ariel por lo bajo.
-         Muchachos, como portadores de la naturaleza que somos no podemos quedarnos sin hacer nada – les dijo primero, susurraba -. Nosotros sabemos bien lo que sentimos. Simploy sabe mucho, pero nosotros somos los genuinos portadores y tenemos derecho a participar si la situación lo exige. 
-         Em… ¿y qué tienes pensado hacer? – le preguntó Logan a la vez que la miraba con ojos en rejilla levantando el mentón con aire de desconfianza. 
-         Estemos conectados como en la isla, que sabíamos lo que pensábamos.
-         Ah, pero eso empezó desde antes de la isla… mmm, cuando estábamos yendo a  buscarte.
-         Ah…– les respondió con las manos en la cintura. Luego agregó – En fin… estemos conectados, y tratemos de conectarnos con la de fuego, ¿qué les parece?
-         A mí no me parece una mala idea – dijo Ariel, al mismo tiempo que echaba un vistazo rápido hacia adelante.
-         No sé… miren que a mí no me gusta que nos tengan como idiotas, pero Simploy ha sido muy específica… - les dijo Logan.
-         ¿¡Ah, pero qué te pasa!? Lo dice porque se preocupa. A mí me parece una buena idea la de Zatí.
-         ¿Entonces? – acotó ella.
-         Y bueno… está bien, dos contra uno. Pero después si metemos la pata, yo no me hago cargo del plan.
-         Pero si vamos a participar los tres…  - dijo Zatí por lo bajo muequeando la boca hacia un lado. 
-         ¿Qué quieres decir?
-         Miren a Simploy, creo que empezó con el hechizo… - los alertó Ariel.
Y pusieron atención en el cambio de aspecto de Simploy, luego avanzaron con el grupo, y todas las personas de ese lugar empezaron a caer dormidos. Una joven apareció, no caía al suelo, supusieron que esa era la Portadora Fuego, y con lo que luego presenciarían, estaría confirmado. 
Todo pasó y ahora acababa de arrojar a Ewon, Agoth y Marakzamet por los aires golpeándolos contra los troncos, pero cuando la volvieron a ver era distinta. El cabello danzaba alzado como una fogata, tenía los ojos llameantes, las pupilas eran fuego encendido, el rostro parecía habérsele estirado dejándole la boca tensa como si se hubiera hecho un lifting instantáneo, y con las mejillas enrojecidas. Parecía haber aumentado de tamaño y ensanchado su musculación. Por los brazos y las piernas le  recorrían las ramificaciones de venas inflamadas. Daba profundas inspiraciones y cuando exhalaba largaba vapores. Escucharon decir a Ewon desde el suelo – Se la ha chupado, se la ha chupado - , y consecutivamente a Simploy – Les dije que así no eran las cosas, ¡se los dije! – Por primera vez la vieron enojada con sus compañeros, le chirriaba la dentadura y tenía el ceño bien fruncido. Y de pronto, el verde resplandor de sus ojos empezó a desvanecerse dejando ver de a poco el violeta. 
-         ¿Acaso Simploy no puede contener más el hechizo del sueño, o me equivoco? – escucharon en la mente Logan y Ariel, decir a Zatí. 
-         No sé, pero yo estoy intuyendo lo mismo… – contestó a sus iguales Ariel.
-         Están en lo cierto, amigos, Simploy tiene dificultad para mantener el hechizo del  sueño. ¿Pero cómo podemos sentir eso nosotros?  - les pensó Logan.
-         No sé, pero lo estamos intuyendo… - transmitió Zatí para aseverar las ideas. 
En eso la Portadora Fuego empezó a reír a carcajadas mientras que se miraba las manos. Miraron a Simploy y la notaron preocupada, miraron a los demás, y directamente estaban como aterrorizados. La del Fuego habló dejando oír una voz gutural - ¡Pero qué bien me siento! Esto es ¡fantástico! Estoy manejando al fuego, ¡ja, ja, ja!
-         ¡Se equivoca, señorita Samy! – le dijo de pronto Simploy – Es al revés, el Fuego la está manejando a usted, lo único que quiere es salir de su cuerpo, y a costa de eso usted morirá. ¡Usted no está preparada para manipular la energía del Fuego, no se da cuenta, su cuerpo explotará! ¡Créame!
-         Tú… tú que quieres apresarme… No lo lograrás, ¡nadie lo logrará! – le dijo clavándole esos ojos infernales.
-         Señorita Samy, escúcheme bien, yo sé que usted no mató a su familia, fue el Fuego manifestándose el que lo hizo – y le gritó señalándose la cabeza con los dedos índice - ¡Yo lo vi todo en mi cabeza, se cómo ocurrió! Y ahora si no me deja ayudarla, la matará a usted. Las arterias de su cuerpo aún no están preparadas para hacer fluir semejante energía…
-         ¡Basta de palabrerío! – dijo con esa voz feroz y volvió a lanzar una bola de fuego, ahora directo a Simploy.
Pero su protectora fue astuta, y como ya antes la habían visto Ariel y Logan en la  batalla contra los demonios, Simploy se rodeó se esa aura prismática. Y entonces absorbió la bola de fuego dejando atónito a todos, inclusive a la Portadora Fuego – No podrá contra mí, mi magia es aún más avanzada - . Cuando terminó de decir esa última palabra, habiéndolo hecho de forma lenta y concisa, los demás se pusieron de pie, y notaron a Marakzamet alarmado, su rostro lo reflejaba. Luego vieron que miró a Ewon, ambos se pusieron muy serios. Y Agoth desenvainó su espada que la había preparado antes de bajar, cruzándosela con un cordel al pecho.
-         ¿Qué has dicho, Simploy? – dijo Marakzamet a Simploy. Pero la maga no le respondió. Enfrentaba a la Portadora Fuego centellando prismáticamente; a su alrededor brillaban todos los colores del sol – Simploy te he preguntado algo, ¿cómo es eso de magia avanzada? – insistió Marakzamet.
-         No me molestes, ya la han embarrado, yo solucionaré todo – y centelló enormemente. 
-         ¿¡Simploy!? – asombrados dijeron Agoth y Ewon.
-         Mira muchachita, tu eres una pequeña y… - sin dejarlo al Elfo terminar de  hablarle, lo trasladó con aire hacia atrás, sin turbarlo ni tirarlo al piso - ¡Córranse, ustedes no pueden hacer nada!
Y fue cuando Simploy misma comenzó a emanar fuego de sus manos, pero no sólo era fuego, sino que también hacía soplar aire, y a su alrededor el prisma resplandecía. Para sorprender aún más al grupo, agregó agua al fuego y al aire. Mezcló los tres elementos en una esfera de importante diámetro y la dispuso a flotar sobre su palma izquierda, al poco tiempo, piedritas que había en el suelo se sumaron al rejunte energético, y se sonrió como diciéndole a la Portadora Fuego “¿Y ahora?”. Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, le lanzó al pecho el cúmulo de energía y se transportó corriendo como la luz, con los portadores ya reclutados. Estaba parada delante de ellos y a las espaldas de la Portadora Fuego, que se restregaba el pecho. Simploy la miró y extendió la mano izquierda sobre la cabeza de Samy, la derecha se la puso en la zona del corazón desde la espalda, y emanó de las palmas aún más de esa energía multielemental. Pero cuando parecía que las esferas iban a chocar contra la Portadora Fuego, ella dio un alarido y se encendió aún más. Los tres portadores encerrados escucharon gritar a Agoth el nombre de la maga; su magia había sido rechazada por las poderosas llamas de fuego. Es así que una vez despejada la humareda del choque, todos vieron a Simploy bastante marchita, y a la Portadora Fuego intacta. Simploy estaba fatigada, pero así y todo, enderezó su espalda e hizo frente – El Fuego tiene fuerza, más de la que usted puede manipular, señorita Samy, tiene que entenderlo.
-         Eres insistente, ¡bah! – se quejó y sin más le echó tres lazos de fuego desde el dedo índice de la mano derecha, capturándola tal cual sogas. Y comenzaron a apretujarla a la par que la iban quemando - ¡Ja, ja, ja! 
-         Es hora – escucharon Ariel y Logan en las mentes, era la voz de Zatí.
Y logrando una interconexión perfecta, los tres se concentraron, sin bacilar, para  entrar en la mente de la del fuego, Samy. Estaba cerrada, era increíble la fuerza que tuvieron que hacer, estrujaron los ojos y las mandíbulas, pero al final pudieron llegarle. 
-         Samy, Samy, ¿nos oyes? – consultó a la mente de Samy, Logan.
-         Somos nosotros, los tres que están en las esferas de aire – le dijo Ariel.
-         Somos portadores, como tú, pero del Aire, de la Tierra y del Agua – le informó Zatí.
Sus voces mentales eran calmas, pero sus caras no expresaban lo mismo, porque  estaban haciendo un gran esfuerzo para mantener la conexión con la Portadora Fuego. Y gritó - ¡Salgan de mi cabeza, yaaa!  -. Espiaron abriendo apenas un ojo y la vieron tomarse de la cabeza y doblarse en dos, llevando el pecho hacia los muslos - Calma, no estamos aquí para hacerte daño. Cuando vinieron por nosotros también nos asustamos, pero son buena gente. Ellos están para protegernos, Samy – le dijo Logan. 
-         Sí, vení con nosotros. Nos necesitan para algo grande – agregó Ariel.
-         Nos necesitan para conseguir la Paz Mundial – ratificó Zatí. 
Y de pronto la Portadora Fuego cayó de rodillas sin dejarse de agarrar la cabeza. Sin ver con sus ojos, lo supieron. En eso le habló en sus mentes por primera vez, le escucharon su voz chiquilina y quejosa – ¡Déjenme, déjenme en paz!
-         Pero si no estás en paz, Samy. Si te quedas aquí nunca lo estarás, siento que la gente no te quiere, siento tu tristeza, siento tu pena y tu furia, porque nadie te comprende. Nosotros sí, porque pasamos por lo mismo que ti – muy calma le transmitió Zatí.
-         Ven, será más divertido – la apremió Logan.
-         No tenés nada que perder, Samy. Vení y vas a estar a salvo – confesó Ariel.
-         ¡Salgan de mi cabeza, salgan, por favooor! Me quema, me está quemando… Ya no lo puedo contener, no lo resisto más, mi cabeza va a explotar – les dijo echándose en el suelo.
Abrieron apenas los ojos y estaba acurrucada como un feto, envuelta en vigorosas llamas. Con el esfuerzo mental y la concentración puesta en el asunto, no atendieron a que Simploy ya había escapado de las fogosas cintas de Samy y estaba ahora parada junto a los demás, alrededor de Samy.
- Todo va a salir bien, Samy – le dijo Ariel.
- Sí, relájate, y podrás pensar las cosas mejor – aconsejó Zatí. Y fue como una chispa mágica, porque sintieron que Samy abrió los ojos en un instante reaccionando, y luego, todo ese inmenso poder se inmiscuía para sí, directo al corazón; las venas de desinflamaron, su cabello volvió a la normalidad y se puso pálida como un papel. 
Vaticinando el fin del espectáculo, Logan les gritó a los demás, que estaban rodeando alertas a Samy – ¡Ya, se ha desmayado, es el momento! – vio sus caras de sorpresa, mas no perdieron tiempo en pedir explicaciones. Simploy invocó una esfera de aire, de las mismas que usó para proteger a los portadores, y envolvió a Samy. Ya dentro, liberó a los otros y les cruzó una mirada que lo decía todo: sé lo que hicieron, señores portadores, felicitaciones.
-         ¿Cómo fue que pasó? ¿Qué has hecho, Simploy? – interrogó Agoth, todavía estaba pasmado de asombro.
-         No ha sido Simploy, o eso es lo que creo… – dijo Ewon, y miró a la maga seria.
-         ¿Eh?
-         Agoth, han sido los portadores. Ellos se han intercomunicado con la señorita Samy.
-         ¿Qué… qué?
-         Lo que has oído, los portadores se comunicaron mentalmente con Samy. Se ve que ella no pudo resistir la tensión provocada por el flujo de energía del Elemento Fuego, es decir, llegó al límite. Y ellos lograron tranquilizarla, en consecuencia, obstruyo el canal energético y el Fuego retrocedió, de lo contrario hubiera estallado, y ¡chau señorita Samy! 
-         Ah… - fue sólo lo que dijo, quedándose pensativo acariciándose el mentón.
-         ¿Qué pasará cuando despierte? – Preguntó Ewon – Esta chica es un peligro…
-         Y no le va a gustar encontrarse en la esfera, y darse cuenta que la capturamos – le respondió Simploy.
-         ¿Sacará al Fuego? – consultó el Elfo.
-         Eso no puedo confirmarlo, depende de ella. Aunque teóricamente debe haber quedado hecha trizas, no creo que tenga las fuerzas suficientes para llegar a este nivel de manifestación. Por eso es importante que la hagamos sentir muy bien, debemos demostrarle lo que somos a cada momento. 
-         Está bien, Simploy – dijo Marakzamet - . De todas maneras tenemos a los portadores para aconsejarla – les sonrió a los tres jóvenes - ¡Y miren nomás! ¡Ya están los cuatro reunidos! – los avivó a todos de pronto.
-         Es cierto… - susurró Ewon.
Los tres portadores vieron cómo sus protectores se alegraban, los ojos parecían brillarles como perlas jolgoriosos, cayeron en la cuenta que los vagos empezaron a balbucear por lo bajo. Y cuando iban animosos directo a la salida con Samy flotando en medio del grupo y de lado de Simploy, se toparon con los Ripul que les hablaron a las mentes - ¡Ya, hay que partir! Una energía oscura se acerca…
-         ¿Saben de quién se trata? – les preguntó Ewon.
-         Sí, es el mago Óctubeus.
Ni bien transmitieron esa idea, los portadores vieron que las caras alegres se transformaron. Nadie gastó tiempo para opinar ni explicar más nada. Simploy los subió a los tres al Ripul haciéndolos levitar, los demás ya estaban acomodados. La nueva integrante iría con Simploy, aun desmayada y en la esfera de aire.
-         Regresamos a la caverna – dijo nada más Simploy sin elevar la voz.
Estando ya dispuestos y con todo listo, Ewon silbó y, dejando un pequeño remolino de polvo, los Ripul despegaron veloces surcando las escaleras y saliendo como proyectiles elevándose en los cielos. Mientras ascendían, Simploy miró abajo sin percibir la llegada de Óctubeus, hasta que todo se convirtió en puntos (Gracias Ripul por el aviso, partimos a tiempo). Las tres grandes aves piaron en señal de respuesta. A Simploy le latía veloz el pecho.


A. M. 

Capítulos siguientes: publicación mensual formato online desde Blog y Web de la autora. 
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