viernes, 20 de septiembre de 2013

Capítulo II: Contactos

El Gran Sueño
Vol. I: La Búsqueda

Web: http://anahimendez.wix.com/egs-labusqueda

- Capítulo II -
Contactos

1

Entre los matorrales de una espesa selva, la exótica jovencita corría veloz sorteando el desnivel del terreno para no caer. Muy apurada iba esquivando los árboles que se le interponían y que de tanto en tanto le rasgaban la ropa. Poco tiempo después, sus violáceos ojos vieron el sitio buscado: ahí estaba una cueva de roca gris con una puerta de roble casi impenetrable que sólo los que conocían el lugar podían abrirla, y que para poder hacerlo se debía ser diestro en las artes mágicas.
Es así que la muchacha, exhausta por la corrida, posó sus dos manos en la puerta, después pronunció susurrando he llegado y un brillo blanquecino las rodeó, nada más en el lugar donde las había apoyado, y el roble fue tomando la forma de sus manos, produciéndose huellas. En seguida el brillo y las huellas de las manos desaparecieron y la puerta se abrió.
Aunque más aliviada por estar dentro de la caverna, aún estaba agitada y apurada. Corriendo por los túneles allí hechos, llegó a una habitación iluminada con antorchas… un hombre de largos años sentado dándole las espaldas la estaba esperando. Entonces, al verlo, ella se detuvo y fue caminando con lentitud acercándose al gran sillón construido con gruesos troncos naturales donde estaba sentado este anciano.
-          He llegado - dijo ella con voz tenue y leve agitación.
-          Simploy, ya estás aquí - contestó volteándose y parándose frente a ella.
-          Traigo muy buenas noticias – dijo.
-          ¡Vamos hija, dime!
-          Después de tanto esperar, de aguardar tanto tiempo, la profecía que me has  comunicado de niña ha empezado a cumplirse.
Luego de oír las palabras de su hija se relajó y cayó como una pluma al viento sobre el sillón. Se sintió lleno de felicidad, una relajación completa que tranquilizó su ser después de tantos años de sufrimiento.
-          ¿Cuándo ocurrió, Simploy?- preguntó.
-          Hace pocas horas, padre - respondió ella -. Estaba caminando por la selva, buscando provisiones y de repente lo vi todo, escuché todo, los sentí.
Unos instantes de silencio transcurrieron. Él la observó a los ojos y luego continuó con la charla - Simploy, dime algo hija... ¿ya han despertado? -. Sin dudar ni por un  segundo, le respondió - No, aún no padre - prosiguió - ellos continúan dentro de los jóvenes, pero mi corazón me dice que no tardarán mucho en despertar.
Oyendo esa confesión, el sabio hombre expuso un pedido. - Hija, sólo pido que cumplas con una misión que debo encomendarte - dijo él -, pero antes llama a Ewon y a Agoth. 
-          Claro, lo haré - le respondió sin dudar -, pero dime dónde están actualmente.
-          Ewon está alojada desde hace dos semanas en la Cabaña del Lago, a unos pocos  kilómetros de aquí, me envío un canario mensajero hace unos días - respondió él - . Con respecto a Agoth, se encuentra en donde siempre; los dos aguardan al llamado. Comunícales estas noticias y ordénales que vengan contigo aquí, aunque conociéndolos, no será una orden, sino un favor que ellos cumplirán.
-          Sí, padre, así lo haré. Partiré ahora, si me lo permites.
Ella dio media vuelta y caminó unos pocos pasos hacia la puerta, pero antes que se alejara de la habitación, su padre le habló - ¡Simploy, ve a caballo! Así estarás aquí de vuelta en no más de cinco días.
Simploy asentó el ofrecimiento. Poco después, él ya había quedado solo en su aposento. Pensaba en la gran noticia que su hija Simploy le había traído, porque ya era viejo y todos sus largos años ya empezaban a pesarles, y ahora una esperanza renovadora lo empujó a seguir adelante, porque la noticia que durante casi toda su vida había esperado, ahora era real.
La joven ya estaba sobre el caballo blanco que corría con velocidad, semejante a un relámpago en medio de una tormenta. Sus delgadas patas, pero fuertes, golpeaban contra la tierra haciéndola volar. El animal era muy ágil, parecía tener el dominio sobre la naturaleza. De tanto en tanto, ella golpeteaba suave en su vientre con los talones para que acelere aun más la marcha, también lo alentaba con unos gritos de “jia, jia”.
Cinco horas transcurrieron y poco a poco comenzó a divisar la Cabaña del Lago, el lugar donde Ewon se estaba alojando. Aceleró aun más. Ella y el caballo ya estaban cabalgando sobre el caminito hecho de piedra que daba la entrada a la cabaña en medio del bosque donde un lago se extendía, y fueron aproximándose.
Simploy bajó del animal y luego golpeó la puerta con su puño - ¡Hola! ¿Hay alguien en la Cabaña del Lago? - llamó con voz elevada, poco después volvió a golpear - ¡Hola! ¿Hay alguien?

2

De pronto, una esbelta mujer, de tez muy clara, cabellos dorados y largos, vestida con un exótico vestido color verde agua, abrió la puerta. Parecía ser una joven dama, pero al verla directo a los claros ojos uno podía llegar a intuir sus arduos años de la Historia vivida.
-          ¡Hola Simploy! Te estaba esperando muy ansiosa - saludó la dama haciendo un ademán con su longilíneo brazo -, pasa, por favor.
-          Gracias - contestó Simploy.
Antes de pasar, Simploy ató a su caballo en un palo cercano a la cabaña. Luego ingresó y mientras la dama le servía algo para tomar, Simploy se sentó junto a la mesa. La mujer también lo hizo, colocándose frente a ella y entregándole el vaso con fresca agua. Simploy tomó un trago y después habló. - Traigo noticias - tomó un sorbo -, mi padre me ha mandado a buscarte y llevarte a la caverna conmigo, Ewon.
Sonriéndole Ewon respondió - Tu padre tan generoso siempre, Simploy – dijo -  . Está bien, iré contigo, pero antes deseo que me comuniques esas noticias que dices que me has traído.
-          Sí, debo decirte que se ha comenzado a cumplir la profecía que mi padre te ha hecho saber.
Ewon, al oír esas palabras, quedó estupefacta, sus claros ojos se perdieron. Luego de instantes silenciosos, Ewon continuó con la charla. - Es la mejor noticia que me podrías haber dado, Simploy… dime, ¿cuándo, cuándo ocurrió?
Con el rostro animado Simploy continuó – Hace algunas horas, ¡aun no lo creo, Ewon! Este acontecimiento que se ha dado despierta en mí la esperanza hasta entonces olvidada.
-          ¿Sólo en ti? Yo diría en todos - corrigió Ewon -. Pero dime, ¿quién más lo sabe?
-          Sólo tú, mi padre y yo. Pero también él me ha encomendado buscar a Agoth y ponerlo al tanto - Simploy se paró de golpe - . Acompáñame Ewon, y luego volveremos a la caverna.
-          Sí, sí lo haré - poniéndose también de pie - ¿Sabes dónde reside Agoth?
-          Mi padre me ha dicho que él está en donde siempre - contestó Simploy.
-          Entonces qué esperamos, alistaré al caballo y partiremos ahora mismo. Si él continúa allí llegaremos dentro de dos días - acercándose a la puerta y abriéndola -. Sale y monta, yo prepararé algunas provisiones para el camino.
Pasada media hora ya se encontraban a medio kilómetro de la Cabaña del Lago. Debían ir hacia el suroeste, así llegarían a las montañas, lugar en donde estaría Agoth esperándolas.
La marcha era ardua y el calor agobiante, pues el verano estaba en su cenit.
Para entonces, ya había comenzado a caer la tarde, así es que decidieron cabalgar unos metros más y, luego, parar la marcha para acampar. La noche llegó acompañada de las estrellas que envolvían al oscuro cielo azul. La brisa hacía que sus cabellos flotaran en el aire. Ewon había encendido un pequeño farol que había puesto entre todo ese equipaje, después desenvolvieron unas pocas verduras hervidas que Ewon había guardado entre unos lienzos. Cenaron calladas, las dos observaban el cielo, pensativas. Sólo se oía el viento chocando contra las hojas de los árboles, que ya eran menos, porque el bosque estaba quedando atrás dándole lugar a una llanura de pastizales. Esa noche durmieron muy pacíficas en lonas que Ewon había llevado.
La luz del sol comenzó a penetrar entre los árboles, reflejándose en los claros rostros de las mujeres. La primera en despertar fue Simploy, quien preparó a los caballos para la partida. Tiempo después, Ewon abrió sus ojos.
-          ¡Buenos días! - dijo Ewon desperezándose.
-          Buenos días, Ewon - contestó Simploy -. Pero apúrate porque ya es tarde, aun nos queda un día de camino, y por lo que me indica el sol, ya va a ser mediodía.
Cuando partieron el sol estaba en lo más alto del cielo. La cabalgata era lenta y el denso calor humedecía sus cuerpos y hacía que los caballos desaceleren su marcha. Habían pasado ya seis horas desde la salida el bosque, ahora estaban traspasando el prado que las llevaría a las montañas.
La tarde comenzaba a dar su fin, las primeras estrellas, acompañadas por la luna, iban asomándose en la entrada noche. Simploy y Ewon continuaban sobre los caballos que ahora corrían. No se podía oír ningún sonido ajeno al que ellas y los animales hacían rozando con las altas hierbas. Finalmente un gran manto de oscuridad lo  envolvió todo; el “cric-cric” de los grillos se empezó a escuchar cada vez más intenso. Ewon detuvo un instante la marcha para encender el farol que las guiaría en el final de esa noche. Horas de viaje transcurrieron. Los ojos de las mujeres se entrecerraban de tanto en tanto por el cansancio acumulado, mas ellas siguieron cabalgando sin hacer ninguna pausa.
El cielo, pasado el tiempo, empezó a iluminarse creando un bello horizonte de un amarillento color; el sol también comenzaba a verse desde el este, mostrándose vigoroso y resplandeciente. Así es que Simploy alzó la vista y difusamente pudo ver a lo lejos las montañas. Como si alguien la empujara, ella golpeteó a su caballo con los talones y éste aceleró rápidamente el trote - ¡Vamos Ewon! ¡Sólo nos quedan unos pocos metros!- dijo la jovencita muy enérgica - ¡Vamos, puedo ver las montañas!
 Sin pronunciar palabra, Ewon reaccionó y ordenó al animal que apure el paso y, de pronto las mujeres ya estaban cabalgando con mucha rapidez hacia las montañas que se iban haciendo enormes mientras ellas se acercaban. Exhaustos, los caballos, se detuvieron poco a poco. Ya no era preciso que corran, porque habían arribado al destino que en esos dos días tan pesados habían buscado. Ewon y Simploy bajaron de los animales y guiándolos, los llevaron tomándolos de las cuerdas que colgaban de sus robustos cuellos. Juntas caminaron algunos pasos y, entonces, chocaron sus vistas con una puerta de madera hundida en la ladera de la montaña.
-          Aquí es Simploy - dijo Ewon en voz baja.
Ewon, utilizando una pequeña manija de bronce que colgaba de la puerta, la golpeó. Allí afuera, aguardaron unos pocos minutos, cuando una voz gruesa y grave se oyó desde el interior - ¿Quién llama a mi puerta? - pronunció aquella voz de manera firme.
-          Agoth, somos Simploy y Ewon - contestó Simploy - ¡Ábrenos, traemos noticias!
La puerta se abrió súbitamente. Entonces hizo su presencia un joven muchacho, de castaño cabello corto y algo rizado, piel tostada y cuerpo erguido. Éste estaba cubierto por una camisa de tela blanca y pantalones sueltos; en sus pies llevaba botas oscuras.
-          ¡Al fin! - dijo él - Pensé que nunca jamás vendrían - hizo un gesto con el brazo - ¡Vamos, pasen por favor!
Y el joven cerró con fuerza. La casa era precaria, pero poseía todo lo necesario para sobrevivir. Sentados los tres alrededor de la mesa de madera, la charla comenzó.
-          Como les decía, pensé que ya no vendrían. Pasaron cinco años de la última vez que cruzamos destinos - decía alegremente -, pero aquí están, mis leales compañeras.
-          Disculpa Agoth, pero antes de empezar la charla, si no es molestia, ¿podías darnos algo de beber? Es que el viaje fue agotador... - dijo Simploy.
Parándose muy rápido y dejando la silla alejada de la mesa, él se retiró. Luego vino con dos vasos repletos de agua que a su suerte tenía reservada en una cantimplora de aluminio, objeto adquirido en el mercado del primer pueblo cercano a su guarida. Los posó sobre la mesa. Las dos bebieron rápidamente sin dar respiros. Después de refrescar sus secas gargantas, Simploy fue la primera en hablar - Bueno, como te he dicho Agoth, traigo noticias - le dijo ella -. Y son muy buenas...
-          Dilas, vamos-  respondió Agoth - ¡Estoy ansioso!
Las dos mujeres se miraron.
-          Agoth, la profecía ha comenzado a cumplirse - dijo Simploy - ocurrió hace ya dos días, aunque en algunos países hace día y medio.
Agoth había quedado con la boca abierta, después cerró sus oscuros ojos y empezó a hablar casi susurrando - Al fin, luego de tantos años de esperar ocurrió -¿Cómo continúa esto? - le preguntó a Simploy abriéndolos como volviendo en sí.
-          Sí, es verdad Simploy - habló Ewon -, luego de la profecía... tú nos has dicho que algo más debería pasar, ¿qué, entonces?
-          Es cierto lo que dices, aun no ocurrió todo. Luego de este paso tan importante que la historia ha dado, debe ocurrir otra cosa - comenzó a explicar Simploy -. Como ya lo saben según las enseñanzas de mi padre, existen cuatro adolescentes dispersos por distintos lugares del mundo. Bueno, yo los he sentido y se dónde están: en Nueva York reside un muchacho, en Bukoba una joven, en Newcastle otra joven y en Escobar otro muchacho. Estos cuatro adolescentes de dieciocho años han revelado los seres ocultos...
-          La profecía, ¿no es así? - interrumpió Ewon.
-          Sólo parte - retomó Simploy -, porque lo más importante aún no ha ocurrido. Los seres se han manifestado, pero puedo sentir que aquel momento no tardará en ocurrir, no puedo precisar cuánto exactamente, pero estoy segura que en menos de un año solar los seres ocultos van a salir de los cuerpos de los cuatro jóvenes – confesó - ¡Pobrecitos, siento su angustia, no entienden nada…!
-          Son comunes, ¿verdad? - consultó Agoth.
-          Sí, son gente común, están velados por el Gran Sueño - afirmó Simploy.
-          Tienen que despertar… - dijo pensativa Ewon.
-          Sí - dijo Simploy -. Pero por ahora, y es la otra parte de mi venida, tú Agoth  debes venir conmigo y con Ewon a la caverna de mi padre, esta es una petición que él mismo me ha dado.
-          Entonces vamos, si salimos ahora llegaremos en tres días - dijo Agoth incorporándose.

3

Tres caballos galopaban por el prado, uno detrás de otro. Agoth iba a la cabeza de la fila, esta vez él guiaría, estas eran sus tierras.
Así fue como dos tranquilas noches y tres días quedaron atrás; los caballos iban ingresando a la selva en donde estaba la caverna. Los tres jinetes indicaban ágiles a sus caballos esquivando el follaje que se interponían en su recorrido. La caverna ya había sido avistada, entonces, impulsados por la ansiedad de llegar, obligaron a sus animales a apurar la corrida. Llegaron.
Después de desmontar, llevaron a los caballos a un precario establo escondido entre matorrales y helechos colgantes pegado a la cueva, allí les quitaron las livianas y finas correas y dejaron que comieran y bebieran tranquilos. Luego se dirigieron a la caverna, posaron sus manos en la puerta, pronunciaron las palabras adecuadas, y aunque Agoth no hacía magia, el hechizo del viejo mago lo reconocía y podía ingresar. Paso a paso se fueron aproximando a la habitación en donde el padre de Simploy aguardaba sus llegadas.
Y ahí estaba, sentado en su aposento mientras comía unas uvas.
-          Pasen, por favor - dijo él -, me alegra tenerlos aquí nuevamente.
Dejó las uvas en una pequeña fuente situada sobre una mesita rectangular y luego se paró - Agoth, mi queridísimo Agoth - saludó al muchacho con una sonrisa.
-          Mi señor Túkmuney-  arrodillándose frente a él, dijo Agoth -, es un gusto estar aquí.
-          Levántate, ya sabes que no me agradan esas reverencias - dijo a Agoth, y luego prosiguió -. Y tú, Ewon, mujer de fauna y flora, estoy feliz de tenerte aquí, de que formes parte de mis amigos.
-          Gusto mío también es, Túkmuney - dijo sonriendo Ewon.
-          Y Simploy, hija mía - se acercó a ella colocándole sus manos sobre los hombros - sabía que no me ibas a fallar.
Luego de los saludos y de haber comido y bebido hasta satisfacerse, el anciano Túkmuney palmeó sus manos indicando que deseaba hablarles - Bueno, bueno - dijo - . Los he reunido para concluir de comunicarles una misión que les otorgaré -. Un silencio se hizo.
“Hemos de ser pocos en esto, pero pocos bastan para realizar la tarea que yo deseo que ustedes cumplan. He meditado sobre el pasado, el presente y el futuro que vivirán, pues sé que no les será fácil sortear los problemas que de ahora en más se les presentarán.
 “Por ser el único mago que aún mantiene su conciencia viva y no corrompida por el Mal que envuelve los mundos, puedo guiarlos por el verdadero camino y de esta forma llevarlos al triunfo; me retracto ahí, acercarlos al triunfo. Sé que al cumplirse parte de la profecía que mis anteriores compañeros han predicho, la esperanza ha crecido en ustedes, dentro de sus corazones; debo confesar que yo también me he llenado de esperanza, pero cuidado, porque esto es sólo el comienzo de lo que vendrá, esto no significa que el triunfo esté hecho, no. De ningún modo piensen eso porque se estarían mintiendo a ustedes mismos.
“Ewon, tú eres la mujer que ha visto a la Historia pasar delante de ti como una brisa de verano, tú eres la mujer con el pleno conocimiento y sabiduría en las artes de la misteriosa naturaleza. Por ser poseedora de tus increíbles cualidades, por no decir dones, yo te he escogido para llevar esta misión a cabo.
“Agoth, fiel Agoth. Hombres como tú no se hallan todos los días, y esto lo puedo afirmar porque entre mis innumerables días en sólo uno te encontré aquella tarde de invierno que luchabas para sobrevivir. Te rescaté de las manos del enemigo que por poco te captura entre sus redes, y luego de dieciséis años, tú estás a mi lado.
“Hija mía, te miro y no lo creo. Aun puedo recordar el día en que naciste, el día en que tu sabia madre murió y me dijo antes de dejar el mundo que Ellos también habían nacido encomendándome tu crianza - por un momento lo vieron perder la vista en el aire, pero al poco continuó -; por eso supe que yo debía inculcarte y enseñarte todas mis artes, toda mi magia, porque tú, Simploy, nos llevarás a la victoria. Puedo sentir que dentro de ti yace una magia que ni tú sabes que la tienes. Hija, confío en ti.
“En fin, mis compañeros. Por el momento su misión será buscar a cada uno de los adolescentes y reunirlos lo antes posible. También deben traerlos aquí, sólo de esta manera Ellos despertarán.
-          Disculpa Túkmuney - interrumpió Ewon - ¿Cómo conseguiremos traerlos hasta aquí? Ellos están rodeados de gente común e imagino que será muy extraño que los jóvenes desaparezcan así, ¿no lo crees?
-          He pensado en eso, Ewon-  dijo Túkmuney-, pero de eso se encargarán ustedes. ¿Alguna pregunta...?
-          ¿Cuándo partiremos? - preguntó Agoth.
-          Tendrán dos días para que puedan recuperar sus fuerzas y se  alisten para el largo viaje - dijo Túkmuney - . Les recomiendo que cuando se acerquen a los lugares en donde ellos viven, cambien sus vestimentas y no utilicen los caballos; sólo en lugares apartados seguimos recurriendo a ellos. Si no hay más preguntas... -  hizo una pausa -, pueden retirarse a sus habitaciones.


Simploy fue la encargada de acomodar a los huéspedes en sus dormitorios, uno estaba al lado del otro. Para poder llegar a ellos tuvieron que atravesar los mágicos túneles de aquella caverna. Tiempo después, Agoth y Ewon se encontraban en sus correspondientes recámaras, y Simploy en su propia habitación. Transcurridas las horas, los tres compañeros estaban entrados en sueño. 




A. M. 

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